Análisis y opinión

Política y humor: qué hacemos con las vacaciones de los gobernadores

Quienes fungen de gobernador tienen la costumbre de querer salir de vacaciones como si fueran uno de nosotros. Así les va

El peso específico que tiene la figura del gobernador (cualquiera sea quien ocupe ese sitial) se puede comprobar cuando éste se va de vacaciones. Seamos sinceros: no nos gusta del todo que nuestros mandatarios se vayan a rascar bajo una sombrilla.

Tomemos el caso de Rodolfo Suarez, que no es precisamente una figura que agobie a los mendocinos con apariciones o discursos. Sin embargo bastó que se fuera 15 días de licencia dentro del país para que surgieran vistosos problemas y que muchos ciudadanos jodidos se hicieran algunas preguntas densas sobre su ausencia.

Por ejemplo: ¿es realmente necesario que el gobernador se vaya de vacaciones a la costa atlántica habiendo tantos líos por resolver? ¿No puede esperar a completar sus cuatro años de gestión para irse de la provincia todo el tiempo que quiera?

Salvando la época de licencias, el resto del año hacemos como que no le damos ni la hora al mandatario de turno, pero el tipo desaparece unos días para tirarse al sol y nos empezamos a preguntar qué le pasa al coso que deja a la provincia en banda siendo que nosotros le pagamos el sueldo. Se va lo más pancho y deja las cosas sin hacer. Nos sale el patrón de estancia. Bueno, digamos que el historial político de algunos de nuestros representantes a veces nos da justificativos.

Los civiles

Todo el mundo civil toma licencia. Algunos se quedan descansando en sus casas y otros se dan el lujo de salir de vacaciones. Quienes fungen de gobernador tienen también ese defecto de querer partir. Y eso enerva a más de uno. Es así.

No falta el que argumenta que cuando los mendocinos lo votaron al mandatario fue en carácter de full time y que si ahora no les gusta este mambo, que se la aguanten; lo hubieran pensado antes de postularse. Y que no nos vengan con que su mujer y sus hijos son los que mandan.

Además, la realidad, que es muy guacha, se ocupa de que en ausencia del gobernador empiecen a explotar bombas y bombiñas políticas. Son esos los momentos en que nos preguntamos dónde cazzo está el number one.

Pasó, por ejemplo, con el escándalo que armó el director general de la Policía al infringir todo tipo de normas y protocolos con tal de que su novia pudiera subir al Aconcagua usando bienes del Estado. Lo pillaron justo cuando el Gobernador enarbolaba su derecho de estar en Pinamar. A Munives lo tuvo que echar el ministro de Seguridad con la anuencia del vicegobernador.

¿Laudo? ¿qué laudo?

Por esos mismos días pinamarenses en la Casa Rosada se negaron a laudar en el intríngulis que tenemos con La Pampa con lo cual quedó frizado el inicio de las obras de la presa Portezuelo en el río Grande. Además el entorno de Alberto Fernández acusó al gobernador de no haber presentado correctamente el pedido de laudo, mientras por lo bajo reían a mandíbula batiente con los compañeros de La Pampa.

Con lo de Portezuelo se armó una batahola de opiniones de gente representativa de la Provincia en la que, por juntar caracoles en la costa, Suarez se diluyó.

Debatieron Cornejo, Sanz, Roberto Iglesias, Lafalla, Cobos, Bordón. (No, lector, quédese tranquilo, Paco Pérez no figuró). Incluso volvimos a tomar contacto con una crítica visión del exgobernador Rodolfo Gabrielli, de quien poco sabíamos aunque siempre ha estado en buenos puestos políticos (pero de escasa exhibición pública) durante los gobiernos nacionales del peronismo.

También el paseandero ligó críticas de parte de los médicos del Estado y del gremio docente que le reclamaron por haberse ido sin fijar fechas precisas para iniciar las discusiones paritarias. Otro castigado de rebote fue el vicegobernador Mario Abed, a cargo del Ejecutivo, a quien lo ningunearon de manera grosera y ostensible entre Alberto Fernández y el gobernador sanjuanino Sergio Uñac en una visita que el Presidente realizó a las tierras de Sarmiento.

La muñeca

En fin, hubo una serie de esos episodios que hubiesen requerido de una lubricada muñeca política para saber reencaminar las situaciones a tiempo. Una cualidad que no sobra en este Gobierno cuando el dueño del circo no está.

El actual gobernador y los que vendrán deberían apiolarse con las fechas que eligen para vacacionar.

Tomen nota: sugerimos el período que va desde los días previos a Navidad hasta las vísperas de Reyes, son dos semanas que suelen tener a la ciudadanía ocupada en otros pormenores menos vinculados a la política y a la dura realidad cotidiana. En ese período estamos más preocupados en saber con qué parientes nos tendremos que topar en las Fiestas que en seguir la novela del Gobierno.

Temas relacionados: