La penúltima versión del Rolo Gabrielli

Algunos dicen: ¿de dónde salió? Otros se preguntan: ¿por qué ahora?

Lo cierto es que el ver a Rodolfo  Gabrielli candidatearse otra vez para ser gobernador reflota una sentencia que sobrevuela el ambiente político de esta provincia.

Es la que afirma que quien ya ha sido gobernador de Mendoza nunca más podrá volver a serlo porque los votantes locales no son de probar segundas partes de un mandatario.

Al que ha sido mal gobernador, no lo quieren ver ni en fotos. Caso concreto: Francisco Paco Pérez.

Y si ha sido buen gobernador, lo quieren recordar como fue y que ninguna otra incursión les vaya a manchar el recuerdo. El mejor ejemplo: José Octavio Bordón.

Es que los mendocinos respetan sobre todo la Institución Gobernador, no los nombres propios de quienes pasaron por ese cargo gracias al voto popular.

El personaje

¿Y qué piensan del peronista Rolo Gabrielli? me preguntará entonces usted. Y yo le diré que, en líneas generales, tienen una buena impresión del Gabrielli gobernador.

Pero no tan buena -diríase, difusa- del Gabrielli que luego fue una especie de funcionario todo terreno del peronismo nacional.

Fue vicepresidente del Banco Nación en la gestión Duhalde. Con Néstor Kirchner fue titular de la empresa estatal Argentina Satelital (Arsat).
Y con Cristina Kirchner tuvo un rumboso puesto en un organismo que manejaba la aviación civil, 

Pero antes que eso, y como hito descollante, fue ministro del Interior en la esperpéntica gestión presidencial de Adolfo Rodríguez Saá en la última semana de diciembre de 2001.

Hablamos de aquellos 7 días  en los que el puntano dispuso el mayor default de la historia mundial aprobado por un Congreso que aplaudía a rabiar como si dijeran: "Mundo, te jodimos".

Aquel chabón

Rodolfo Gabrielli comenzó a hacerse conocido para los mendocinos con el regreso de la democracia en 1983. 

Era un economista joven pero que lograba transmitir una mezcla seriedad y de modernidad. Escribía artículos sensatos en los diarios sobre la economía provincial y rápidamente se hizo conocido, primero como legislador provincial y luego como ministro de Economía de la gobernación de Bordón.

Era  uno de los jóvenes maravilla de la renovación peronista que condujo Bordón. Entre sus mejores logros estuvo  el de haber impulsado junto a la actividad privada el cambio estructural de la industria vitivinícola, sumida hasta entonces en cíclicas crisis cuyas lágrimas se derramaban en los almuerzos de las Fuerzas Vivas de las fiestas de la Vendimia.

En 1993 presidió una gira comercial por Europa (integrada por políticos, empresarios y periodistas) y cuya actividad central fue vender los vinos de Mendoza en la London Wine. Diario UNO me envió como periodista en esa misión. Ahí conocí al Gabrielli de la cotidianidad: un hombre sin sobresaltos, casi taciturno, que parecía estar haciendo un click con su carrera política. Y con su vida.

La distancia.

A el le tocó ser gobernador en la etapa de furor de la primera presidencia de Carlos Menem. El riojano fue de alguna manera el que logró meter una baza entre él y Bordón. 

El Pilo quería ser presidente argentino y se lanzó a enfrentar a Menem que preparaba su reelección.. Eso puso en aprietos a Gabrielli, quien tuvo que elegir. Y se distanció de su mentor político. Pero a la mendocina, tratando de evitar el escándalo.

Después, como decíamos, vino su desdibujamiento en la Nación . Y su distanciamiento de Mendoza.

¿Cuál de los Gabrielli es el que vuelve ahora con este proyecto de querer escalar otra vez hacia el Sillón de San Martín?

Posiblemente, una amalgama de Rolos.

Si bien sigue vigente la sentencia de la que hablábamos al comienzo (segundas partes nunca serán buenas en el Barrio Cívico), la pobreza de candidatos en el  peronismo mendocino podría servir de empujón para esta penúltima versión del Rolo Gabrielli.

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