Joaquín Sabina hizo famosa a Gonzalez Catán, esa localidad del conurbano bonaerense de la que ahora se habla tanto en Mendoza, debido a que alguien de una familia de apellido Peñaranda tuvo la mala idea de enchastrar parte de un cerro en Valle Grande, San Rafael, con unos grafitis que buscaban inmortalizar en la piedra el apellido de esos turistas y de aquella ciudad suburbana.

De Gonzalez Catán es Paula Seminara, una hincha de Boca, que flechó al enamoradizo Sabina, cuando ella tenía 19 años. El cantante la inmortalizó en aquellos versos que contaban cómo Paula viajaba en micro hasta la Bombonera ("De González Catán, en colectivo, a la cancha de Boca, por Laguna") donde al llegar, los hinchas "le pedían a la Virgen de los Vientos que le levantara a Paula la pollera". 

Hace unos días los ignotos miembros de los Peñaranda pasaron unos días de descanso en nuestro Valle Grande y uno de ellos quiso que la posteridad tomara nota de ese apellido y lo estampó con aerosol en la piedra.

Para ellos debe haber sido un juego. Para muchos mendocinos una afrenta al paisaje, al ambiente. Una porquería que suelen reiterar algunos viajeros poco ilustrados sobre el cuidado del hábitat. 

La reacción nacional

Como felizmente ya ha pasado en otros veranos ante estos enchastres, la comunidad sanrafaelina reaccionó con actitud curadora y desató en las redes sociales una campaña para advertir de que eso no se hace, que es un desatino y una falta de respeto ambiental absolutos. No es moco de pavo vandalizar un cerro y arruinar el entorno natural con pintadas y grafitis.
 
El hecho de que los Peñaranda hubiesen puesto su apellido y su lugar de residencia permitió a las autoridades hacer su seguimiento y dar con los turistas aludidos. Esas pintadas suelen quedar por años dando una contaminada imagen de lo que debía ser pura naturaleza.

El ventarrón virtual contra los Peñaranda llegó finalmente a González Catán y esa familia, alarmada por la repercusión nacional, se contactó con la Justicia del sur mendocino para admitir la responsabilidad, dar a conocer su "profundo arrepentimiento" y asegurar que asumirán los costos de la limpieza que debe hacerse a través de un proceso con un sistema de arenado. Una menor de edad habría estampado el aerosol sobre la piedra. 

Mendoza, de punto

Una ciudad como Mendoza viene siendo vandalizada hasta el hartazgo con esos mamarrachos de trazo suegro que no significan nada, pero que desjerarquizan y afean edificios públicos y desvalorizan inmuebles privados, además de plazas, puentes, canteros, cordones de veredas, y todo un largo etcétera. Todo eso con una saña pocas veces vista.

Para seguir el ejemplo de los sanrafaelinos, tendría que generarse aquí, ante cada nuevo atropello garabateador, una red virtual que advirtiera cómo se está rebajando el nivel de calidad visual de la ciudad, supuestamente con el fin de  permitir la libertad de expresión de un batallón de enchastradores.

Una banda que, a diferencia de los Peñaranda, no da la cara. Pero que ya ha generado muchos -demasiados- daños a la Ciudad, degradando la calidad de vida y la riqueza arquitectónica y ambiental.  

Temas relacionados: