Cuando las paredes hablan y confunden

Tomo yogur casi a diario. Me gusta el café con leche en las mañanas y pido un cortado cuando voy a los cafés del centro o al  buffet del trabajo. Ni hablar del arroz con leche.

Con esos antecedentes casi me caigo de traste cuando me topé con la pintada que muestra la foto que abre esta columna y que se puede ver en la calle Primitivo de la Reta, frente al hotel Sheraton.

Es una de las variadas provocaciones del veganismo extremo que asegura (en sentido figurado, obvio) que quienes consumen lácteos concretan día a día aberraciones contra las pobres vacas y las cabras ídem.

Como en todas las exageraciones, lo que se está usando en este caso es una deformación de la realidad para obligarnos a pensar una nueva forma de percibir y tratar la alimentación. 

Esclarecidos y vivarachos

Salvando las distancias, es lo que ocurre con las caricaturas: el dibujante exagera determinados rasgos de un personaje para dejar en evidencia cuáles son, por lo general, los puntos débiles o criticables del caricaturizado.

O lo que pasa en la pintura cuando Picasso, por citar un caso excelso, deconstruye la realidad con su pincel y nos la rearma creativamente para que nos demos cuenta de que la vida no es tan lineal como parece, sino que está llena de vericuetos, algunos oscuros.

Debo admitir que me quedo con la provocación de los dibujantes y  los artistas en general por encima de aquellas que nacen del ideologismo revolú encarnado en esto de las paredes parlantes por los veganos supuestamente más esclarecidos, quienes se sienten en la obligación de difundir la nueva religión, como lo hicieron en su momento los seguidores de Cristo, Buda o Marx.

Degradar conceptos

Me parece que, en este caso concreto de los lácteos demonizados,  hablar de violación de las vacas es una manera de quitarle importancia a un concepto, la violación real, que está pensado y definido desde hace siglos para marcar un delito degradante  cometido por una persona contra otra desde una situación de poder.

Cuando aún el mundo está tratando de desactivar realidades espantosas como la violación de ninos y niñas por parte de sacerdotes católicos que se arrastran desde hace siglos...

Cuando la revolución de las mujeres ha puesto sobre el tapete la violencia de género y el sexo a veces no consentido con sus propias parejas...

Cando aún no se termina de desactivar las redes de trata de mujeres que son obligadas a ejercer la prostitución...

Cuando en varias comunidades subsisten varones que ejercen violencia intrafamiliar y sexual contra sus esposas, hijas u otras mujeres del grupo familiar...

Cuando todo eso sigue siendo parte de algunas cotidianidades, intentar traspasarle alegremente el delito de violación a los lácteos suena a chiste mediocre y se vuelve en contra de una idea base del veganismo: la de empezar a discutir cómo será la alimentación de los humanos en el futuro.