Sería muy bueno que en los próximos días el gobierno de la Provincia informe en detalle, sin esperar a que se lo reclame la prensa y sin enojarse por algo que es su obligación, sobre los gastos que demandó la Fiesta de la Vendimia 2020 y que en ese detalle quede incluido cuánto se recuperó en materia de venta de entradas u otros ingresos.

Las segundas y terceras líneas de los gobiernos suelen ser las más reacias a dar información. Creen que informar sobre la plata de Vendimia indefectiblemente les traerá problemas.

Es muy habitual, por ejemplo, que dichos pruritos salten cuando se les reclaman datos acerca de cuánto cobraron los artistas nacionales o internacionales que se presentaron en las repeticiones vendimiales.

O cuando se les requiere un detalle discriminado de lo percibido por los más de mil artistas -desde músicos hasta figurantes- que actuaron en las tres noches del festejo.

Que yo recuerde, esto de hacerse los sotas a la hora de detallar sobre los gastos de Vendimia, es una marca de fábrica de casi todos los gobiernos sin importar el color político.

Los funcionarios tienden a ser culposos, vergonzantes, rídículos en sus respuestas. Como si tuvieran el culo sucio. Menem diría: ¿Es nesario?

"Me miraron como si les estuviera pidiendo un ADN para definir paternidad", me dijo un cronista de Diario UNO hace unos años cuando volvió a la Redacción sin un dato sobre los gastos de Vendimia. Creo que fue el año en el que había actuado Romeo Santos, por entonces en la vorágine de un inexplicable apogeo.

Ni hablar de otras fiestas, como por ejemplo los festivales que ya están consolidados en algunos municipios mendocinos, donde uno suele asombrarse de los nombres rimbombantes que actúan y que llevan a que inevitablemente nos preguntemos cómo hacen para solventarlos y que les dejen algún beneficio.

Los cuatro fantásticos

Por estos días ha habido polémica en Rivadavia donde sus autoridades se negaban a informar cuánto cobraron las figuras principales de la reciente edición de Rivadavia canta al país, entre ellos Abel Pintos, Tini Stoessel, Sebastián Yatra y Luciano Pereyra.

Abel Pintos, por caso, venía de haber tenido en enero pasado una discusión con el intendente riojano de Chilecito porque dicho funcionario hizo público que el cachet del artistas era de 100.000 dólares y que él prefirió destinar esos seis millones de pesos a comprar una ambulancia equipada.

El artista aludido negó que su representante hubiese estado en negociaciones con ese intendente para cantar en Chilecito. "Pero ojalá que haya comprado la ambulancia", retrucó irónico

Es que una cosa es un negocio privado entre empresarios del espectáculo y los artistas que ellos elijan. Los privados ponen en riesgo su plata.

Otra cosa muy distinta es el Estado poniéndose al frente de un gran show, como es la Fiesta de la Vendimia o esos festivales que hacen las comunas.

En este segundo caso la plata la pone el pueblo. Razón poderosísima para que los funcionarios tengan la obligación de informar en detalle cómo se han invertido esos dineros y qué porción se ha recuperado.

¿No es tan difícil de entender, verdad?

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