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Análisis y opinión

Misterio político: ¿por qué el peronismo local pierde y parece conformarse?

Hubo un tiempo en que el justicialismo de Mendoza se jactaba con eslóganes como "el peronismo vuelve a enamorar". Hoy sigue imposibilitado de tales pretensiones

¿Qué es hoy el peronismo en esta provincia? Por lo pronto, un recuerdo. Algo diluido, delicuescente, sin vigor. Y, de acuerdo a lo que dejaron las PASO, una imposibilidad o un misterio en el corto y mediano plazo. Hubo un tiempo en que el PJ se jactaba con eslóganes tales como "El peronismo vuelve a enamorar".

Y hubo, sobre todo, un Equipo de los Mendocinos que logró tres gobernaciones seguidas (Bordón, Gabrielli y Lafalla) entre 1987 y 1999. Ese fue el único intento realmente renovador que ha tenido el peronismo mendocino, tan es así que ejerció influencia en el resto del país.

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Mendoza no se entregó a los brazos del menemismo, tampoco del kirchnerismo. Los que se entregaron atados de pies y manos a Cristina Kirchner fueron los gobernadores peronistas Celso Jaque y Paco Pérez. Y así les fue (y nos fue).

Pérez hizo la peor gobernación desde el retorno a la democracia. Con él, la Provincia terminó quebrada, sin pagar sueldos a tiempo, debiéndole varios meses a los proveedores del Estado y con una administración donde los gremios estatales habían establecido una especie de gobierno paralelo desde el cual se permitían presionar a los funcionarios con demandas que nada tenían que ver con el bien común.

De familia

¿Qué ha quedado del peronismo local? Algunas pymes familiares como los hermanos Bermejo en Maipú o los hermanos Félix en San Rafael, a quienes se les reconoce acción comunal, pero de tiro corto, sin ningún vuelo provincial ni proyección fuera de sus municipios. Las recientes PASO en Maipú y San Rafael han sido sonoros cachetazos.

Quedan también resabios de cacicazgos (Roberto Righi en Lavalle ) de la época que había reelecciones de intendentes sin tope. Ni siquiera han podido levantar cabeza esos conocidos influyentes políticos que tuvo el peronismo, del tipo Carlos Ciurca, mezcla de armadores y operadores partidarios, hijos simbólicos del finado Juan Carlos "Chueco" Mazzón. Todo el Gran Mendoza, donde vive más de la mitad de la población de la Provincia, está en manos del radicalismo.

Para colmo, el Partido Justicialista de Mendoza cuenta con el gerenciamiento de un sector como el kirchnerismo cristinista, que poco y nada tiene que ver con el espíritu moderado de los mendocinos.

El peronismo local quedó muy desacreditado luego de los fracasos políticos de los gobernadores Celso Jaque y Paco Pérez, desde 2007 a 2015. En la Casa Rosada donde les digitaban hasta las lista de concejales.

Mendoza o, si se quiere, el mendocino medio, no comparte el secretismo ni esa cosa de secta ideologizada de La Cámpora. El único triunfo de la presidenta provincial del PJ, Anabel Fernández Sagasti, fue el de ganarle la interna peronista a Alejandro Bermejo para la gobernación en 2015, que ella luego perdió a manos de Rodolfo Suarez.

Flaco favor

Ahora, lo primero que ha hecho el PJ de esta provincia tras la derrota del Gobierno nacional en las PASO, ha sido el ponerse bajo el ala de Cristina Kirchner y reclamarle al presidente Alberto Fernández "que pase el auto de GNC a nafta para darle empuje al motor" de la Casa Rosada.

En efecto, en un tuit del candidato a diputado nacional en primer lugar, Adolfo Bermejo, éste escribió: "Escuchamos lo que dijeron las urnas; seguimos trabajando. Para afrontar esta etapa el nuevo jefe de campaña será el intendente de Tunuyán, Martín Aveiro. Un gracias enorme a Lucas Ilardo por su gran tarea (se refiere a la reciente y perdidosa elección de las PASO). El desafío de sumar es la unidad y que el gobierno nacional pase la gestión de GNC a nafta". Consigna que también distribuyó la senadora nacional Sagasti, que va por la reelección de su cargo en el Congreso.

Así, y sin necesidad, el peronismo provincial ha atado otra vez su suerte a la del sector más polémico del gobierno nacional, el del cristinismo. ¿Por qué no optó por una actitud más institucional, serena y pacificadora de apoyo a la figura presidencial con mandato popular hasta diciembre de 2023?

Ya se trate de adherentes o cuestionadores del Gobierno nacional, la mayoría de los mendocinos avala la idea de que Alberto Fernández debe concluir el contrato de cuatro años que tiene con los argentinos. Fue la misma actitud que aquí se mostró cuando Mauricio Macri estuvo en problemas.