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Menem lo hizo

Fue un caudillo carismático de patillas que le cubrían casi toda la cara, canchero, aficionado al deporte, y allegado a la farándula. Perfil de un audaz dirigente político

Fue un caudillo carismático de patillas que le cubrían casi toda la cara, canchero, aficionado al deporte, y allegado a la farándula porteña.

Desde La Rioja supo llamar la atención alineándose con Raúl Alfonsín y con toda la sociedad que quería firmar la paz con Chile.

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Audaz dirigente político, se las ingenió para superar a Antonio Cafiero, la figura política del momento, para consagrarse como el candidato del peronismo en las presidenciales de 1989.

Su discurso simple y paternalista fue eficaz para llegar al corazón del pueblo que lo catapultó a la presidencia. Con picardía y desparpajo apuró el fin mandato de Alfonsín.

Ya en el poder hizo gala de su pragmatismo a ultranza al convocar y conducir a todos los factores de poder del momento. Mantuvo al peronismo en su puño, doblegó a las fuerzas armadas levantiscas y gobernó con las recetas del neoliberalismo sin anestesia, manteniendo relaciones carnales con los EEUU.

Hizo política y selló con su rival Alfonsín el Pacto de Olivos que lo habilitaría un segundo mandato.

Con Domingo Cavallo contuvo la inflación mediante la convertibilidad que le estallaría recién al próximo gobierno.

Su legado fueron la exclusión social, el Estado ausente, los escándalos de corrupción y los atentados a la Embajada de Israel y la Amia asociados a su política exterior, como inventario de un debe y un haber profuso.

Nunca volvió al llano, la inmunidad parlamentaria le sirvió hasta los últimos días para garantizar su impunidad en complicidad con el kirchnerismo, aun con varias condenas que nunca llegarían a quedar firme.

Fue un hombre que vivió y que también tuvo que sufrir hasta la muerte de su hijo. Menem fue un animal político que nunca se privó de nada.