El mambo que sigue haciendo bailar a Chile

"Chile parecía vivir feliz sin asumir la desigualdad, la precariedad y el descontento". La frase, una síntesis reveladora, es del rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi. 

Fue dicha hace poco para referirse a lo que está pasando en ese país desde que en octubre pasado comenzó la inesperada primavera política de la la clase media chilena que puso a la nación de Neruda a parir.

Una movida que hoy sigue en ebullición no sólo por las erráticas medidas para contener la pandemia, sino por el debate nacional sobre el rol que han cumplido las entidades privadas (AFP) que manejan las jubilaciones. 

Cuando hace 10 meses explotó el descontento y las calles de Santiago y de otras ciudades del país se llenaron de manifestantes, costó mucho que los analistas políticos entendieran de qué iba ese mambo que empezaba a poner el país patas para arriba.

El ex embajador argentino en Chile y ex gobernador de Mendoza, José Octavio Bordón, admitió que la política nunca vio venir ese tsunami.  El único preaviso que se se pudo documentar fue el de una astróloga.

Cecilia Morel, la esposa del presidente Sebastián Piñera, buriló en aquellos primeros momentos el término "alienígena" para tratar de darle entidad a los manifestantes. Quiso decir que cayeron del cielo. Nadie los esperaba. La realidad no preanunciaba eso. 

Quienes protestaban eran mayoritariamente de la clase media y pedían un derrame más justo de los beneficios que había dejado la estabilidad económica y la apertura de ese país al mundo.

Éramos pocos y...

Hoy, con su territorio bajo un duro brote pandémico, sin haber podido realizar aún  la elección de representantes para reformar la Constitución que se arrastraba de la época de Pinochet, y con una crisis política sin precedentes en el partido de derecha del presidente Piñera, Chile sigue siento noticia, sobre todo para los mendocinos que añoramos restaurar aquel ir y volver de gentes de ambos lados de la cordillera.

El Congreso trasandino discute por estas horas un proyecto de ley, elaborado por la oposición, y apoyado por un grupo de legisladores de la derecha, que utilizará un 10% de los multimillonarios fondos de las AFJP para que los chilenos afronten los problemas derivados de la pandemia.

Las jubilaciones trasandinas, muy magras según lo consignan casi todas las opiniones, fue una de las cuestiones a resolver que enarbolaron los manifestantes desde el inicio de esta notable pataleta social.

Demoliendo cohesiones

El rector Vivaldi, citado al inicio de esta columna, afirma que una de las razones de la crisis chilena está en la destrucción de instituciones que eran vitales para la cohesión nacional, como la escuela pública, o la educación universitaria inalcanzable, o la esquiva salud mercantilizada o las jubilaciones en manos privadas.

La clase media sintió que la sociedad chilena venía siendo diseñada para la frustración. Ahora, dice el rector Vivaldi, lo que se busca es que haya cosas que unan, que den un sentido común al país. Y que la sociedad sea consultada y les garanticen que los cambios se van a realizar. Por eso esperan con ganas el referendum para reformar la Constitución pinochetista.

Chile es un país con una alta renta por habitante y sin embargo con una alta desigualdad. Por lo general los países con alto ingreso per capita tienen baja desigualdad. Hace 30 años que Chile salió de la dictadura y sin embargo los sucesivos gobiernos de la Concertación (socialdemócratas y socialcristianos) y de la derecha republicana no se preocuparon por generar redes de seguridad públicas que incluyeran a muchos más ciudadanos.

No es moco de pavo

La derecha directamente demonizaba cualquier proyecto de ese tipo. Y ahora es precisamente la derecha la que tiene que hacerse prioritariamente cargo del balurdo.

Y son precisamente legisladores rebeldes de ese riñón los que se han alzado contra sus referentes de La Moneda, como diciéndoles: no sean obtusos, hay que ceder y hacerlo con inteligencia y justicia, si no, nos van a sacar a las patadas.

El presidente Piñera debe aprender la lección: si el crecimiento económico no ayuda a la superación social, tarde o temprano le termina explotando en la cara a la política.