Todavía no es el tiempo para ningún retorno de Mauricio Macri a la arena política. Estaba bien en su retiro veraniego de La Angostura. Con la lengua sofrenada. Para los ex presidentes, el silencio suele ser el sitio donde mejor se potencian.

Macri debe creer, como decía Perón cuando fue derrocado en 1955, que otros vendrán que a él bueno lo harán. Para que Macri pueda llegar a decir eso, si es que alguna vez se da, todavía falta mucho. La Argentina política es una montaña rusa.

El ex mandatario se fue de boca en una charla con unos dirigentes patagónicos del PRO. La situación fue viralizada a partir de un video casero en el que (como si estuvieran en una sesión de terapia grupal) Macri parece querer sacarse de encima el fardo del endeudamiento.

"Yo les decía a mis funcionarios: ¡cuidado con la deuda, yo conozco los mercados, un día no nos van a dar más plata, y nos vamos a ir a la mierda! Y ellos me decían: tranquilo, Mauricio". Ese traslado de responsabilidades políticas a sus colaboradores le ha caído como patada al hígado a propios y extraños.

Engordar otro relato

Alfredo Cornejo, presidente de la UCR nacional, y principal socio en Juntos por el Cambio, lo ha dicho sin metáforas.

"Lo que ha dicho Macri solo favorece al relato de Alberto y Cristina", lanzó el mendocino quien opinó que el argumento del ex presidente nunca explicó que el problema de la falta de crecimiento del país se arrastra desde 2010 cuando gobernaba Cristina Kirchner.

En estos tiempos de desaforadas redes sociales, muchos de los políticos importantes han dejado de merituar una característica que supo ser saliente en los dirigentes de valía: el misterio, el retiro, el recogimiento. Sobre todo para aquellos que tuvieron  una fuerte exposición pública.

Basta revisar la historia argentina y de otras naciones para corroborar cómo a varios de aquellos grandes hombres los iban a buscar a sus aislamientos tácticos para rogarles que se volvieran a sumar a la actividad política. 

Cerrar el pico

Si Macri insiste en tener protagonismo en este momento tan difícil para la economía del país, el tiro le puede salir por la culata. No hay "ambiente" para que la valoración del 40% de los votos que Juntos por el Cambio logró en octubre se convierta en bandera. 

Paradojas: son Alberto y Cristina los que podrían llevar a cabo esa valoración de Macri y sus socios radicales en caso de que no acertaran en sus acciones de gobierno y si se desbocaran en sus diferencias conceptuales

En la Argentina todavía no se define un programa económico a la espera de "reperfilar" la deuda con el Fondo Monetario Internacional. No se necesita ser economista para entender que esa situación no es moco de pavo.

La ciudadanía, que suele ser mucho más perceptiva que varios políticos, sabe que en momentos como éstos no hay espacio para el oposicionismo desatado , máxime con un gobierno que aún no cumple dos meses en la Casa Rosada y que fue votado por el el 48% de los votos.

Lo dicho: No es buen tiempo para la lengua de Macri. Tampoco para probarse como jefe de la oposición. Para él, es tiempo de repasar, de reflexionar, de cotejar, de escarbar en lo que dejó su gobierno, y de analizar errores y aciertos.

Y de hablar consigo mismo.