Hace algunos años nos llegó desde vaya a saber donde un supuesto economista que supo ganarse el corazón y la confianza de los mendocinos saliendo por televisión y diciendo lo que todos querían escuchar. El tipo se hacía llamar Max Gregorcic y parecía tener las respuestas a todas las preguntas que nos hacíamos mientras vivíamos en un país encandilado por la inflación y el valor del dólar. Siempre vestido de traje y chaleco, aconsejaba financieramente todos los días en el noticiero de la tele mientras su compañía, ubicada en un suntuoso edificio en pleno centro mendocino, recolectaba depósitos de personas y empresas para invertirlas contra la promesa de grandes ganancias. Todo iba muy bien para Max hasta que la verdad se hizo presente y miles de personas resultaron estafadas y perdieron sus ahorros.
La farsa, la estafa y los pelos de Milei
El 18 Brumario de Luis Napoleón reza en su primer párrafo que “la historia ocurre dos veces, la primera vez como tragedia y la segunda como farsa” y para hacer honores a la frase hoy nos encontramos con la efervescente fama de Javier Milei, otro economista con un Look llamativo que se hizo famoso por salir en la tele diciendo cosas que muchos quieren escuchar en un contexto parecido. La comparación parece algo fuerte, pero basta con releer algunas de las propuestas de MIlei y verificar sus datos para ver que detrás de esos puños en alto y esa mirada de perro dogo con peluca no hay mucha solidez.
El cuidadosamente despeinado economista asegura que si es electo presidente cerrará el banco central por ser el origen de todos los males pero resulta que apenas 10 países en todo el mundo subsisten sin banco central y curiosamente ninguno de ellos es conocido por su prosperidad salvo Panamá, cuya economía depende de la de Estados Unidos y Andorra que depende de Francia, ambos países dotados de enormes y poderosos bancos centrales. También habla de cerrar todo lo que pueda del Estado y reducir al mínimo los impuestos pero después asegura que va a mantener los planes sociales sin explicar cómo piensa financiar un estado que no recauda. Muchas palabras para endulzar oídos que no revelan ni una pista de “como hacer lo que dicen” como tampoco lo hacían aquellas palabras de Max Gregorcic, que se fugó con los ahorros de media Mendoza.
Llama además la atención el hecho de que Milei no debate ni discute con otras personas, le habla solo a la cámara. Su agresividad y exagerada valentía parecen estar únicamente disponibles cuando no hay quien le responda. Hace algunos días, justamente, lo vimos negarse a compartir un espacio televisivo y hasta acusar a la producción de traición por sumarle una invitada al set. Parece que nuestro paladín de la verborragia liberal solo levanta los puños y pone cara de malo para las fotos ya que, ante el más mínimo rival, huye como alguien que teme ser descubierto.
La historia de Gregorcic, la que ocupa el lugar de la tragedia en la frase del comienzo, terminó con una puesta en escena para aplaudir de parados: Aseguró que había encontrado evidencia irrefutable de que Hitler (sí, ese Hitler) había vivido sus últimos años en Mendoza junto a Eva Braun. La noticia dio la vuelta al mundo. Para cuando el mundo advirtió que era una gran mentira, Max Gregorcic ya no estaba en Mendoza ni en Argentina. Tampoco estaban los fondos que la gente había depositado en su financiera con la esperanza de que dieran ganancias. Ni el guionista de Los Simpsons podría superar esta fábula. La historia de MIlei, la que ocupa el lugar de la farsa, no comienza con la promesa de dinero sin esfuerzo, pero sí ofreciendo una salida fácil a un problema que es complejo, multicausal y por demás difícil de resolver. Entre agresiones verbales y gestos exagerados nos convoca a que depositemos nuestros votos en su financiera con la promesa de verlos volver convertidos en cosas buenas y prósperas, pero la ancestral voz de la conciencia me dice que, como ya nos enseñó la historia, cabe la posibilidad de que arme oportunamente su propio show para distraernos mientras desaparece por bambalinas con nuestras ilusiones amontonadas en una valija y dejándonos sin nada más que nuestras caras de estafados pintadas de tristeza.
* El autor es referente de Agenda Mendoza y A23 Mendoza



