Intendentes eternos, como los laureles

Respiraron aliviados. Ninguna traba leguleya, ningún pelmazo les va a birlar la posibilidad de que el pueblo vuelva a ungirlos como irremplazables en sus comunas.

Las primeras PASO del año electoral hablaron en cuatro municipalidades  peronistas y ratificaron la leyenda de que lo habitual es que ganen los oficialismos de cada municipio, así lleven 15 o 20 años. Porque la gente es agradecida.

Nada de cumplir con la periodicidad de los mandatos como una garantía republicana. Ni con esa prevención democrática que establece que aquellos que ejercen el Poder Ejecutivo no deben perpetuarse en el poder para no confundir su tarea de servidores con la de gerentes privados.

Fuiste, Cornejo

Los intendentes peronistas  lograron salvar los escollos legales que el pesado de Alfredo Cornejo quiso imponerles con esa molesta idea de limitar a una sola reelección los cargos electivos.

Recontra curtidos en las tramoyas del poder, adelantaron las PASO y las generales en sus departamentos, previo haber presentado un recurso ante la Suprema Corte para frenar el decreto con que el gobernador había fijado ese intento de tropelía republicana, basado en una anterior reforma de la Constitución provincial.

La Corte aceptó el amparo, pero aún no se ha expedido sobre la constitucionalidad o no de la medida de Cornejo, por lo que éste no tuvo más remedio que habilitarles las PASO.

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Los beneficiados fueron  (¡suenen trompetas y timbales!):

Jorge Giménez, de San Martín, que irá por el quinto período consecutivo. Roberto Righi, de Lavalle, también por quinta vez, pese a que está imputado en la Justicia por supuestos delitos con las casas de la Tupac Amaru en esa comuna. Emir Félix, de San Rafael, que irá por su tercera gestión consecutiva en una familia en la que con su hermano Omar, han reinado juntos en el Sur por dos décadas. Y Martín Aveiro, de Tunuyán, quien quedó habilitado para presentarse a un tercer período seguido. Este fue el más votado de los 4 con un porcentaje cercano al 70% de los votos.

En el mismo lodo

Las elecciones indefinidas de intendentes y legisladores las venían gozando  políticos de todos los colores. También, claro, los radicales, quienes a partir del decreto partidario del gobernador radical tuvieron que buscarse otros futuros conchabos oficiales. Nada de volver a la actividad privada. 

Rodolfo Suárez, intendente de Capital, será el candidato a gobernador por Cambia Mendoza, salvo que el macrista Omar De Marchi le gane las PASO del oficialismo, algo hoy improbable.

Y el radical Mario Abed, sempiterno intendente de Junín, fue premiado con la postulación a vicegobernador en la fórmula oficialista. De los otros radicales con mayor cantidad de votos, tanto  Marcelino Iglesias, Daniel Orozco, como Tadeo García Salazar irán por la primera reelección.

Las cosas por su nombre

Es que son tantas las satisfacciones que les han significado a los  intendentes eternos, como a sus familiares y allegadas, el atornillarse en los sillones comunales y manejar los municipios como si fueran una empresa de ellos, que llegaron a la conclusión de que hubiera sido una picardía dejar que el sátrapa de Alfredo Cornejo les hiciera tanto daño con ese verso de la necesaria periodicidad  en los cargos electivos.

Más de dos períodos consecutivos son para el escándalo. O debería serlo.

También es un escándalo que los cargos se pasen de marido a mujer, o viceversa, o de hermano a hermano/a.

Es dañino para el sistema republicano, así sea que los "eternos" sean la gente más decente del mundo. O los más eficaces en su gestión. Dos probabilidades que no suelen darse juntas, aunque pueda haber alguna que otra excepción.  La gente suele decir también que hay milagros.

Lo más común suele ser aquel apotegma con el que algunos puntanos avalan a los hermanos Rodríguez Saá: No ponemos las manos en el fuego por ellos, pero hacen.

La lógica es de hierro. Pasarse cargos entre familiares, como si esos puestos fueran hereditarios o de nobleza, así sea que esas designaciones tengan luego el aval del voto popular, o designar parentela en el equipo de Gobierno es una muestra rampante de favoritismo económico y de linaje que repugna -o debería- al sistema republicano.

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