La impresionante movilización popular que este último viernes de octubre desbordó otra vez Santiago de Chile, luego de una semana continuada de protestas, podría encontrar sus razones en esta frase: "La política es el sutil arte de escuchar las demandas ciudadanas y traducirlas en políticas públicas efectivas. Haber renunciado a esa gestión es lo que explica la furia que se vive en Chile".
La definición es del periodista Daniel Matamala, de la CNN Chile, y es una de las tantas que por estas horas pueblan los medios trasandinos, los que no cesan de buscar explicaciones ante tanto desahogo ciudadano.
Los títulos de las columnas de opinión podrían resumirse en uno del diario La Tercera que reza: "Una pesadilla que La Moneda jamás se imaginó".
Algunos de los principales ministros se ven en figurillas cuando deben enfrentar los micrófonos. Saben que tienen que hacer una estudiada autocrítica pero temen meter la pata si sueltan demasiado la lengua.
En la Televisión Nacional de Chile desfilan los funcionarios para responder preguntas de los ciudadanos. "Vivo en una punta de Santiago y trabajo en la otra. Hace una semana que no puedo llegar a mi trabajo por las marchas y la falta de movilidad. ¿Corro riesgo de que me echen"?, inquiere una empleada al subsecretario de Trabajo.
En los primeros momentos del "ataque alienígena", como lo definió ingenuamente Cecilia Morel, esposa del presidente Piñera, algunos ministros se habían hecho los gallitos. Por ejemplo, la ministra de Transporte, Gloria Hutt, intentó dejar en claro que no iban a dar marcha atrás con el aumento del metro. La realidad la sentó a ella y a varios más de traste.
Ulises en Santiago
El conmocionado presidente Piñera habló con el Financial Times para asegurar que si bien van a hacer todos los cambios que hagan falta, no piensan caer en el populismo o en la demagogia. "Como Ulises (graficó el mandatario) no vamos a escuchar los cantos de sirena de los que piden salirse del modelo económico".
Hasta la semana pasada Chile era "el país más competitivo de América Latina". De repente, la "dulce patria" de Pablo Neruda y Nicanor Parra que el Himno nacional designa como "la copia feliz del Edén", nos ha puesto a todos a parir para poder saber qué ha pasado realmente y para ver cómo los chilenos salen de esta crisis.
El jueves, otro medio internacional, The Economist, escribió que "Piñera parece haber entendido el mensaje. El modelo chileno se puede mejorar con más provisión social y un rompimiento de los oligopolios", opinión que fue destacada en la tapa del diario El Mercurio, el principal de Chile.
¿Vienen?
El lema con el que Piñera ganó su segundo mandato presidencial fue "Vienen tiempos mejores". Cumplir esa promesa es lo que le están reclamando las nuevas generaciones, en particular las de la clase media.
"Estamos en guerra", había dicho el presidente Piñera en los primeros días de la protesta cuando grupos de violentos saqueaban supermercados y atacaban edificios públicos.
Este viernes, viendo desde el aire a los ciudadanos chilenos poblar las avenidas santiaguinas, uno no se imaginaba una guerra sino un fenomenal reclamo por una mayor inclusión y por un mejor reparto de la riqueza.
"Las nuevas generaciones -escribió Carlos Peña para The New York Times- han conformado una fuerza opositora no habitual. Demandan mayor igualdad, exigen un bienestar social más amplio e inclusivo y reclaman reformas al sistema de pensiones, al de salud y al educativo. Las multitudes que protestan no están guiadas por partidos ni por movimientos visibles, carecen de un conjunto claro de reivindicaciones. Los une más una sensibilidad común que declara aborrecer la desigualdad".
¿Más claro? Echele agua.




