Francisco y el Próvolo: ¿Esta boca es mía?

"Cuiden a Cristina" es, para los argentinos, una de las frases más recordadas de las dichas por el papa Franciso desde el Vaticano. Los destinatarios principales fueron en su momento los peronistas que lo visitaban en procesión. En cambio jamás dijo "Cuiden a Macri". O "cuiden la transición electoral".

Las sonrisas entre pícaras y evangélicas con las que recibió a la entonces mandataria de la Nación y a los dirigentes de La Cámpora en la basílica de San Pedro aún contrastan con la cara de traste con la que atendió al presidente Macri  en la visita oficial tras la asunción de éste.

El argentino Jorge Bergoglio, nombre civil del Papa Francisco, jefe mundial de la Iglesia Católica, es muy transparente con sus señales. Tanto con las que lanza expresamente como con las que retacea o ignora.

La hora del espanto

Bajo esa óptica es que debemos analizar entonces el hecho preocupante de que el pontífice continúe sin haber aportado una opinión contundente y esclarecedora sobre uno de los sucesos más escandalosos ocurridos en la  Argentina con religiosos católicos. Nos referimos a los abusos a niños sordos en el Instituto Próvolo, de Luján de Cuyo, Mendoza.

Dos curas, dos monjas, y una decena de civiles vinculados a ese colegio están siendo juzgados por la Justicia de Mendoza acusados de abusos aberrantes contra alumnos. Los más comprometidos son los curas Nicola Corradi y Horacio Corbacho, que manejaban ese colegio. En un juicio abreviado ya fue condenado a 10 años de prisión por abusos el monaguillo Jorge Bordón.

El juicio actual, considerado un hito histórico, es una constante caja de (malas) sorpresas y sus avatares están siendo comentados en el mundo por su crueldad.

Las víctimas, imposibilitadas de hablar salvo por señas que no cualquiera les entiende, estaban internadas en ese instituto durante los días de clases, alejados de sus familias que confiaban en una institución dedicada supuestamente a hacer el bien.

Las víctimas de la espera

Francisco, quien ha expresado urbe et orbi  definiciones claras sobre la lacra que han significado para la Iglesia Católica los abusos cometidos durante siglos contra niños y jóvenes en el mundo, ha mantenido empero una extraña distancia con respecto al infierno del Próvolo.

Si bien los afectados y sus familias coinciden que es una gran victoria que la causa se haya elevado a juicio y que se esté consustanciando, consideran que el Vaticano "ni siquiera ha respondido a la justicia, ha entorpecido  y ocultado pruebas y ha atacado de manera despiadada, desestimando los testimonios de los sobrevivientes", según relatos de familiares que publicó el diario Perfil.

También se alzan voces críticas en relación a la labor que han  cumplido los enviados del Vaticano para investigar al Próvolo de Luján de Cuyo , entre ellos el comisario apostólico Alberto Bochatey, obispo auxiliar de La Plata, la otra ciudad argentina donde existe un Instituto Próvolo y donde también se han denunciado abusos a alumnos.

Ya ha sido difundido ampliamente que en 2013 el mismo año que Francisco inició su papado, un grupo de sobrevivientes de abusos sexuales en una sede del Próvolo en Verona (Italia) elaboró y envió al Papa un informe en el que se detallaba lo que les había sucedido. Sin eco.

Exigen ser escuchados

Esta semana causó sorpresa la decisión de cuatro ex alumnos del Próvolo que anunciaron que antes de fin de año viajarán al Vaticano para exigir que los reciba el papa Francisco.

Los cuatro fueron víctimas de aquellos episodios y ahora ya son mayores de edad. Lo harán con el apoyo de una entidad italiana que agrupa a sordos. El objetivo es hacerse oir en la plaza de San Pedro y que el Papa los reciba para escuchar sus calvarios.

Apuestan con esa movida lograr algo similar a lo que obtuvieron  en Chile las víctimas sexuales del sacerdote Fernando Karadima, a quien primero Francisco les había desestimado sus denuncias y luego tuvo que desdecirse y pedirles perdón en persona en el Vaticano. Karadima fue expulsado del sacerdocio por el Papa en setiembre  de 2018. 

Esta boca es mía y esta dignidad también, parecen querer decir al mundo aquellos que en el Próvolo fueron dañados en su integridad.