Enfáticos vendimiales: ellos sí dieron la nota

Los artistas de la Vendimia se salieron del libreto. Quisieron "morcillear", es decir agregar cosas de su propia cosecha para dejar sentadas sus opiniones políticas sobre temas polémicos y terminaron puestos en caja y cuestionados por usar el escenario del Frank Romero Day para hacer proselitismo compadrito. 

Además en esta edición de la Fiesta, el papelón llegó a un límite insoportable con esa insistencia de los artistas en tomar por asalto el escenario del Frank Romero Day al concluir el Acto Central.

Atacados por un shock de egocentrismo triple equis, machacaron con su presencia en el proscenio para que el público los vitoreara una y otra vez porque muchos de ellos están convencidos de ser irremplazables.

La fregaron

A muchos de quienes veíamos el show nos dieron ganas de de gritarles: "Chicas, muchachos, despejen el escenario para que quede flotando la magia que ustedes y el público generaron durante el espectáculo. Si se quedan mucho tiempo la van a fregar. Ustedes son artistas y conocen la importancia de la sugerencia y saben de lo impropio que es el énfasis en estos menesteres".

¿Hay algo más antiprofesional que eso de felicitarse y aplaudirse entre ellos, o de saltar en círculos abrazados como alumnos de secundaria tras un partido de voley. Eso queda para hacerlo en los camarines o en las juntadas posteriores para festejar otra noche de show.

La culpa del que da de comer

Con lo cual ha llegado la hora, para ser justos, de marcar también la desidia de los responsables de éste y otros actos centrales al dejar que los artistas les copen la parada y establezcan acciones que nada tiene que ver con el profesionalismo que debe exhibir un artista que se precie de tal.

La razón es sencilla: la Vendimia, aún con todos sus piojos, que los tiene y muchos (de los que hemos hablado en extenso en esta columna, en particular los relacionados con ese anacronismo en que se ha convertido la elección de una Reina) es la fiesta principal de esta provincia. Es la celebración, que con aciertos y errores, nos representa en el país y en el mundo. Es nuestro carnaval de Río, nuestro Festival de Viña.

En ninguna de las tres noches de esta Vendimia 2020, nadie pagó una entrada para saber qué piensan los artistas vendimiales del fracking o del aborto legal.

Claro que son importantes esos temas, pero se están debatiendo en los ámbitos que se da una sociedad democrática. Está muy bien que los artistas tengan posición tomada sobre ambos asuntos. Es muy lícito, sobre todo si tienen argumentos para defenderlos y no sólo esloganismo. En lo que pifian es en el sentido de la oportunidad y en el don de la ubicación.

Es como si usted o yo fuéramos invitados a un casamiento o a un cumpleaños de 15 y nos creyéramos con el derecho de apropiarnos del micrófono y pontificar ante los comensales sobre aborto sí, o aborto no. O fracking sí, o fracking no. Es claro que eso "no da".

Es una tonta y dañina provocación. Un pavoneo de militante que juega a aprenderse el dogma. Los chiflidos e insultos que bajaron de las gradas del anfiteatro en dos de esas noches en que los artistas trataron de batir el parche ideológico, fueron claros.

Organizar una Fiesta como la Vendimia debe ser un mecanismo de relojería. Los funcionarios responsables tienen que entender que los grandes espectáculos también incluyen una guía clara de cómo deben ser las despedidas de los artistas, máxime cuando, como en este caso, ascienden a 1.000.

Mil. Una cifra inflada hasta la exageración que deja los resquicios para el accionar de los enfáticos, como los que terminaron dando la nota esta vez. Una nota que nada tuvo que ver con la que buscaba el protagonista de la fallida Sinfonía Azul.