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Análisis y opinión

El embarazo presidencial: llegar al mundo cuando la política no está para bollos

La ensayista Beatriz Sarlo le ha sugerido a la pareja presidencial que no haga política con el hijo que esperan porque el intento se les volverá en contra

Ha llamado la atención la forma taxativa y polémica que utilizó la ensayista, catedrática y periodista Beatriz Sarlo para pedirle al presidente Alberto Fernández que no transforme el embarazo de su pareja Fabiola Yañez en un hecho político "Que ese niño o niña nazca en silencio", ha sido su particular reclamo.

Algunos han creído leer en esa aspereza una advertencia para no generarle otra sobreexposición a Fabiola en los medios y las redes sociales, máxime en momentos en que el horno no está para bollos. ¿O es que la pareja del Presidente no ha salido escaldada con creces por la enorme metida de pata que se mandó al festejar el cumpleaños con varios amigos en Olivos en la etapa más dura y restrictiva de la cuarentena.

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En esa época, Julio de 2020, los argentinos no podían ni siquiera despedir a sus muertos por el coronavirus. Sin embargo, con la complacencia de su marido, que nos retaba a todos y nos obligaba a permanecer en nuestras casas y a no mandar los chicos a la escuela, en Olivos ella tuvo su cumpleaños, se tomó champán, se cenó y se comieron postres, hubo regalos vistosos y todos los asistentes estuvieron sin barbijo y sin respetar la distancia social. Placeres de casta.

Lengua áspera

Una de las partes más ásperas de las declaraciones de Sarlo es aquella en la que estimó que Fabiola es "un personaje secundario y desvaído", con lo cual dio a entender que el Presidente -y la política en general- deberían ser más cuidadosos, porque de lo que se trata esta vez es del cuidado de una futura madre y de su bebé.

Sarlo es una analista política que no se caracteriza por su simpatía. "Nunca le escuché la voz a Fabiola Yañez", aseguró para restarle entidad a quien ocupa el puesto de "primera dama".

Primera dama es una definición antigua y ridícula que este gobierno, que dice expandir los derechos, debería eliminar del protocolo oficial. No hay primeras damas en la Argentina, todas son iguales ante la ley. Los títulos de nobleza se eliminaron en 1813.

Ojo al piojo

Lo peor que se le podría ocurrir al Gobierno, en un escenario político como el que vivimos, de malestar generalizado, sería intentar sacar algún rédito sentimental del embarazo que viven Alberto y Fabiola. "Baje esa noticia, Fernández", le reclamó Beatriz Sarlo al Presidente cuando la Casa Rosada hizo el anuncio oficial.

Sarlo es una de las principales críticas literarias del país. Sabe deconstruir textos y situaciones. Traducido, lo que quiso manifestar es "mire Fernández, si bate el parche con este tema, le irá mal". De allí su sugerencia de que el bebé nazca sin que se hagan alharacas.

Alberto Fernández debería revalorizar el acompañamiento y la comprensión que la sociedad argentina le brindó cuando en 2019, al ser ungido por Cristina como candidato presidencial, se difundieron los pormenores de la elección sexual de su hijo Estanislao, fruto del primer matrimonio del mandatario. Estanislao, hoy rebautizado por el Registro Civil como Tani Fernández Luchetti, cuenta con DNI no binario y una letra X en el casillero que marca el sexo.

La pregunta

Si antes la gente estuvo a la altura de las circunstancias aceptando las particularidades del primer hijo presidencial, ¿por qué ahora no va a celebrar el embarazo de la compañera actual del mandatario?

La respuesta es simple: porque corrió mucha agua debajo de los puentes en estos casi dos años de gobierno nacional. Y, de manera particular, porque la gente está enojada y muchos tienden a pensar que esto del bebé podría ser una tramoya para mejorar la imagen de la pareja presidencial, tan machucada por el famoso cumpleaños de Olivos, la inflación y la falta de empleo y de expectativas.

El accionar de los políticos, de todos los colores, nos ha enseñado aquello de "piensa mal y acertarás". Ello se ha agravado con la pandemia porque hemos ratificado lo repugnante que puede ser para el ideario democrático y republicano que algunos tengan más derechos que otros.