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Dos raperos, entre los indultados por Trump antes de irse

Donald Trump indultó a Lil Wayne y Kodak Black, quienes estaban condenados por portación ilegal de armas. El primero es un fan del ahora expresidente

Los raperos Lil Wayne y Kodak Black, quienes estaban cumpliendo penas por portación ilegal de armas, fueron beneficiados con los indultos que Donald Trump firmó horas antes de dejar la presidencia de los Estados Unidos. Los indultos también alcanzaron a otras figuras de la industria musical, como Desiree Pérez, quien trabajó en Roc Nation, el sello que tiene en sus filas a Jay-Z, Rihanna y Alicia Keys, entre otras megaestrellas.

La medida además benefició a Michael Harris, uno de los fundadores del sello Death Row y por tanto cabeza del gangsta rap y quien fichó a Tupac Shakur, Dr Dre y Snoop Dog.

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Wayne, cuyo verdadero nombre es Dwayne Carter, es fan declarado de Trump -al punto tal que en sus redes sociales tiene una foto con el ahora expresidente- y fue declarado culpable el año pasado por portar ilegalmente una pistola y municiones, algo que no le estaba permitido debido a delitos anteriores.

Mientras que a Kodak Black, cuyo nombre es Bill Kapri, también se le conmutó la pena de 46 meses de prisión por posesión ilegal de armas de fuego, que cumplía desde agosto del 2019 en una prisión estadounidense.

Bradford Cohen, el abogado de ambos raperos, confirmó a la revista Rolling Stone que “el presidente Trump y su administración han sido defensores incansables de la comunidad afroamericana y estos indultos son un ejemplo de ello”.

Pérez, quien fue arrestada en 1994 por posesión de drogas y en 1998 por hurto mayor y posesión de un arma de fuego, es oriunda del Bronx y en 2019 fue nombrada directora de la disquera de la compañía de entretenimiento fundada por el rapero convertido en magnate Jay-Z.

Durante su arresto se convirtió en colaboradora de la DEA y en ese momento, aceptó llevar un micrófono para grabar sus reuniones con los traficantes de cocaína. Con su trabajo encubierto ayudó a las autoridades a desbaratar bandas criminales.

En tanto, Harris estaba cumpliendo una sentencia de 25 años a cadena perpetua por intento de asesinato y secuestro en 1988 y fue considerado un capo narco que ayudó a dirigir un imperio de música rap multimillonario desde su celda después de fundar la empresa matriz de Death Row Records con una inversión de 1,5 millones de dólares.