Por Manuel De Paz
Hoy cualquier respetable hijo/a de vecino se levanta en la mañana y antes del primer orín utiliza las redes sociales para contar en Facebook o Instagram "su" historia del día, sus fotos, sus videos.
Que la foto de la cucaracha que mataron de madrugada debajo de la cama, que los chinchulines que asaron anoche con el Gordo del crossfit, que el nene más chico corriendo en poto por la casa porque no quiere el pañal.
¿Cómo van a haber revoluciones de las antes si ahora las revoluciones ya no son sociales o económicas sino de costumbres?
La creencia extendida es que el mundo está expectante por esas novedades de los no famosos. Y no es así. Créanme que no es tan así.
Las cosas particulares les pueden interesar, sí, a quienes aprecian bien a esos trotadores de redes sociales o por el contrario a quienes esa gente les cae para el traste. Pero eso no es "el mundo".
Aquella gema
Antes la gente común atesoraba esos momentos en sus álbumes de fotos familiares o en el proyector de diapositivas. Eran parte de la maravillosa privacidad. Y lo disfrutaban los abuelos, los tíos, los padrinos, los primos. Hoy muchos no consideran que la privacidad sea un derecho esencial.
Ojo, no estoy quitándole, por ejemplo, importancia sociológica a esos especímenes como los influencer, las it girls, o ciertos famosos que hacen muy buenas facturaciones agrandando los números de seguidores en tal o cual sitio de internet. Por el contrario.
No obstante creo que es bueno remarcar la diferencia de interés que existe entre la señorita de la otra cuadra que se expone con fotos provocativas en las redes y esas otras fotos de damas y caballeros muy famosos en bolainas. Gente como Luciano Castro o Sol Pérez me liberan de mayor palabrerío.
Una cosa es una cosa, y otra...
Muy distinto es que nos desayunemos en las redes con fotos del presidente de la Nación acompañado de su perro Dylan al que el mandatario está saludando (apretando su patita) en señal de cariño por ser un nuevo cumpleaños del Lassie más famoso del país.
En el caso de Dylan, a quien se le puede escribir a sus "propios" Twitter e Instagram, hay un claro mensaje político por parte de quienes manejan la comunicación presidencial. El de decir: soy un hombre común. Amo los animales. Soy como ustedes pero con una enorme responsabilidad.
Dylan, en este caso, cumple la función de suavizar ciertas medidas de gobierno.
Los perros, pobres ellos, han sido utilizados por muchísimos jefes de Estado para humanizarse o para generar familiaridad. Baste recordar los caniches de Perón; el labrador Buddy, que ofició de choco de los Clinton; o los pichichos histéricos de la reina Isabel.
Separar los tantos
Quiero decir con esto que no es lo mismo el presidente argentino construyendo su relato a través de las redes, que es algo que de una u otra manera nos va a interesar a todos, ya sea para criticarlo o alabarlo, y otra muy distinta creer que la vida del resto de los mortales pasa por la necesidad de tener tal nivel de exposición.
Hoy en cualquier sobremesa familiar se suelen comentar los graves problemas que están surgiendo en las escuelas secundarias y en muchísimas familias raíz de la profusión de fotos y videos de contenido sexual, generados por chicas y chicos con sus propios cuerpos.
La viralización de esas imágenes ha terminado explotando en las oficinas de los directivos de los colegios. Allí han debido ser convocados los padres de varones y mujeres adolescentes envueltos en escándalos que sus protagonistas no supieron merituar, y de los cuales los padres de esos chicos terminan desayunándose cuando se los cuenta la directora.
Las fotos y videos aludidos hacen foco en la genitalidad de los alumnos, con tomas explícitas, muchas veces registradas por las chicas y los pibes en sus casas y en otras ocasiones en los propios baños de las escuelas.
El inicio de la sexualidad con este nivel de exposición habla claramente del nivel de confusión al que puede llevar la ausencia de una clara educación sexual y de la necesidad de un mayor compromiso de los padres con sus hijos en una edad tan delicada.
Y Dylan no tiene nada que ver con esto. El nivel de exposición pública de este bicho es, comparativamente, muy naíf.


