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Debilidad y desorientación: qué hay detrás de los superpoderes

La diputada nacional Claudia Najul (UCR) criticó el proyecto de superpoderes que el Ejecutivo envió al Senado, donde obtuvo media sanción

Pasaron solamente 10 días desde el fallo de la Corte Suprema que dio lugar al reclamo de la Ciudad de Buenos Aires ante la decisión unilateral del Gobierno nacional de cerrar las escuelas en el Área Metropolitana de Buenos Aires. En este breve lapso de tiempo, en lugar de tranquilizar las aguas y rectificar el camino elegido, el presidente Alberto Fernández optó por agudizar el conflicto y poner más objetivos en la mira: la educación, el federalismo, el Congreso. En definitiva, le apunta a la democracia. El proyecto de superpoderes que el Ejecutivo ingresó al Senado, donde ya obtuvo dictamen y espera ser tratado en el recinto la próxima semana, lesiona gravemente las autonomías provinciales, un principio elemental sobre el que descansa nuestra Constitución federal y republicana.

La anticonstitucionalidad de origen de la iniciativa no se salva con una ley. Al contrario, queda aún más expuesta. Las autonomías de las provincias que integran la Nación están por encima del Congreso. El legislativo de ninguna manera puede delegar facultades que le exceden. No hay argumento ni capricho político que pueda ocultar esta realidad.

Más allá del análisis constitucional de la iniciativa, se destaca la intención deliberada del oficialismo de ignorar, por un lado, el fallo ordenador del Máximo Tribunal, y por otro, la angustia y preocupación de millones de personas que ven cómo la agenda pública se aleja cada día más de sus necesidades y demandas. En otras palabras, en la misma jugada atentan contra la división de poderes y el bienestar general de la sociedad.

Un presidente cuya debilidad política es tal que no puede decidir el despido de un funcionario de segunda línea, pretende solapar su fragilidad interna sometiendo arbitrariamente a la república. En el medio de este sinsentido están, como siempre, las argentinas y los argentinos que no solamente enfrentan cotidianamente la pandemia, sino también la inflación, el desempleo y la pobreza.

No es nueva la costumbre kirchnerista de exteriorizar sus contradicciones intrínsecas y salpicar a todo y a todos con sus problemas. Pero sí es cierto que, en estos tiempos tan difíciles, con una crisis total que acecha en todos los frentes, la desidia que exhiben las autoridades para ocuparse de la salud, la educación y la economía, impacta de lleno en la vitalidad de las instituciones y en la confianza de la gente.

En democracia no vale todo. No se trata de imponer mayorías circunstanciales a costa de violentar la Constitución. Lo que señaló la Corte en su resolución venimos diciéndolo desde Juntos por el Cambio hace más de un año: vamos a mitigar los efectos de la pandemia dentro de la ley; la emergencia no habilita a nadie a decidir cuáles normas respetar y cuáles no.

El Congreso de la Nación se levanta, una vez más, como la fortaleza republicana que hará todo lo posible para impedir la consagración de una concepción del poder autoritaria e ilegítima, que desconoce los cimientos básicos que sustentan la democracia que tanto nos costó recuperar y mantener. El compromiso personal y colectivo de quienes allí nos desempeñamos continúa siendo el mismo: apostar al equilibrio y al diálogo para recuperar el rumbo de una Argentina que merece muchísimo más.

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