Aquel sacerdote joven -que estaba asignado a una iglesia local- no era tan voluminoso como ahora y aún no se mostraba con esas enormes cruces que exhibe por estos días sobre su pecho y su generoso abdomen.
El de antes hablaba pausado, no solía bajar una línea dogmática densa, y por el contrario se centraba en exaltar las bondades de ser buenas personas. Y sonreía. Todo el tiempo. Como una marca de fábrica.
El Alberto Bochatey de hoy es voluminoso, áspero. Y aquella sonrisa eterna con la que los mendocinos nos íbamos a dormir, hoy parece un rictus que transmite un sentimiento desagradable y un estado de ánimo irascible.
¡Quién te ha visto y quién te ve!
Con el tiempo Bochatey ascendió a obispo en La Plata. Las nuevas generaciones de mendocinos lo han conocido recién ahora por su nuevo rol de comisario apostólico en el caso Próvolo.
Es el prelado que el papa Francisco designó para hacer la investigación administrativa que la Iglesia instruyó a la par de la investigación judicial. Esta última es la que abrió las puertas del infierno del Próvolo.
Dicho accionar de la Justicia (no la divina, sino la de los hombres) nos permitió a los mendocinos y al mundo conocer cómo un colegio católico destinado a la formación de niños y adolescentes sordumudos había sido convertido por curas, monjas y algunos civiles abusadores en un zumo de la infamia humana.
Mientras tanto, el argentino Jorge Bergoglio, quien oficia de jefe de la Iglesia Católica desde marzo de 2013 bajo el nombre de Franciso, sigue sin hablar en primera persona del caso Próvolo.
El Vaticano, es cierto, ha pedido perdón por las atrocidades cometidas en ese colegio de Mendoza, pero por escrito. Nadie ha escuchado la voz concreta del pontífice, que es un gran orador. Tampoco Francisco ha recibido a las víctimas, como sí lo hizo con los ciudadanos chilenos del caso del cura Karadima.
El militante
Ya condenados a 45 y 42 años de prisión los dos sacerdotes que manejaban el Próvolo (Horacio Corbacho y Nicola Corradi), ahora el comisario apostólico Bochatey dedica sus días a la militancia dogmática.
Sus afanes eclesiásticos están centrados en:
*Criticar con insistencia a algunos de los magistrados que investigaron y condenaron a esos bestiales sacerdotes.
*Poner en duda afirmaciones de los familiares de las víctimas del Próvolo.
*Cuestionar decisiones de los gobiernos constitucionales sobre el protocolo del aborto legal (algo que figura desde hace un siglo en el Código Penal).
*Minar al periodismo por el espacio que se le brinda a las informaciones de curas curas pedófilos.
Callar, mentir
Bochatey, quien también preside la Comisión Pastoral de Salud del Episcopado, acaba de cuestionar al gobierno de Alberto Fernández por haber oficializado el nuevo protocolo para los abortos no punibles.
Tendencioso, Bochatey ha plasmado una mentirosa afrenta a los argentinos, católicos o no, al asegurar que "con esta medida se instala el aborto libre en la Argentina".
¿Podemos llamar "padre" a un funcionario religioso que miente con tanto descaro?



