ANÁLISIS Y OPINIÓN

Aquel Pilo Bordón que desde Mendoza pedía "desestatizar la vida"

Cuando José Octavio Bordón fue gobernador de Mendoza pregonó que había que "desestatizar la vida", esto es, eliminar el exceso de estatismo que había en la cultura política

Cuando a comienzos de los años '90 Carlos Menem instalaba en la Argentina, de manera guaranga y chambona, su visión del liberalismo, con la conocida profusión de corruptelas, en Mendoza el entonces gobernador peronista José Octavio Bordón también trataba de entender los nuevos aires de libertad que había traído la caída del Muro de Berlín.

El mandatario de Mendoza lo hacía, sin embargo, con una interesante advertencia. Era necesario, afirmaba, "empezar por desestatizar la vida", es decir, sacarle el exceso de estatismo que tenía la cultura política argentina. Eso iba a favorecer que el estado y el mercado comenzaran a actuar de manera más creativa y productiva.

Bordón preveía lo que más tarde iba a afectar al peronismo. Así como el liberalismo guarro de Menem se pudrió en su propio relato (la convertibilidad), con lo cual terminó dejándole una bomba de tiempo a su sucesor, el inestable Fernando de la Rúa, así los tres gobiernos de Cristina Kirchner (el último, en coautoría con Alberto Fernández) han dejado al país, en nombre de un supuesto ideario de izquierda, sumido en un aquelarre de pobreza y descrédito.

El motor verdadero

Hoy la pregunta es si estamos asistiendo en la Argentina al retorno de las ideas liberales o a un modo extremista de entenderlas. Hay quienes afirman que lo importante en esta etapa es que Javier Milei deje sentadas las bases para una nueva etapa del liberalismo, para que luego sea la propia sociedad la que vaya exigiendo salir de cualquier idea anarco o ultra, esto es, de ultraderecha, para volver al centro político.

Hablamos de un espacio de centro que debería tener la ductilidad para aceptar visiones de centroizquierda o de centroderecha, según las conveniencias del país y no de los ideologismos facciosos y extremistas.

Está claro que el Presidente escupe sobre ese tipo de ideas. Le da fiebre que se sugiera esa posibilidad porque el centro político es para él un estercolero poblado de tibios y de rastreros. Milei se considera a sí mismo como "un topo infiltrado en las líneas estatistas", alguien que ha venido a dinamitar esa visión del mundo. Su tarea, como un Terminator de la Chacarita, es la de eliminar las ratas que conforman la casta política.

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Javier Milei.

Javier Milei.

El encauzador

Es indudable que Milei supo propiciar y encauzar el malhumor social de una mayoría de la población que se hartó del populismo y del "Estado presente", ese que nunca logró frenar el ventarrón inflacionario que se comía los sueldos mes tras mes. Ocurre que dicho "padre protector" era el que generaba el alza de precios. Pero, ojo, el fenómeno Milei se subió a un rodado cuyo motor ya lo había echado a andar la propia sociedad.

Todavía hay gente que se pregunta por qué los votantes no eligieron a la fórmula presidencial de Juntos por el Cambio (Patricia Bullrich-Luis Petri) siendo que esa macrista y ese radical decían pregonar un liberalismo más clásico, un republicanismo con el que muchos países del orbe pudieron brindar a la mayoría de sus habitantes una vida mejor.

La respuesta es simple: Juntos por el Cambio no generó confianza. Es más, muchos temieron estar ante una versión apolillada del "segundo tiempo" del que Macri habló en su libro de memorias políticas.

En esas naciones que siguen siendo republicanas y democráticas aún resuenan ideas potentes, como aquella del canciller alemán Willy Brandt, cuando afirmaba. "Debemos tener tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario". Para Mileii, empero, un socialdemócrata es algo tan o más "sorete" que un comunista.

En el siglo XX el liberalismo social de tintes keynesianos, es decir el que los europeos de la posguerra llamaron la socialdemocracia, produjo uno de los grandes momentos económicos de la centuria (y de la historia). Nos referimos a lo que se llamó el Estado de Bienestar, que aún continua, aggiornado, en los países nórdicos que supieron ir adaptándolo a las nuevas realidades, evitando la cristalización.

De los dos lados

Comenzamos y terminamos con una idea de Bordón. Durante su gestión en Mendoza ocurrió la caída del Muro de Berlín, el fin de la Guerra Fría entre los países liberales y capitalistas y las naciones con gestiones comunistas. Bordón explicó entonces que había que tener cuidado porque "el Muro de Berlín cayó de ambos lados".

Y lo explicó así. "El triunfo de las flexibles y dinámicas sociedades democráticas de Occidente sobre el rígido y dictatorial régimen de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas no fue producto del capitalismo salvaje y de las democracias restringidas, sino justamente del surgimiento de sistemas políticos liberales más inclusivos y economías de mercado articuladas con nuevos derechos sociales, instituciones y mecanismos anti monopólicos".