Un aguijón sobrevuela el entramado de la Rosada

Las astillas del mismo palo son -lo asegura el saber popular- las más dolorosas. "No hay nada peor", dice la frase completa buscando enfatizar que cuando una dura reacción viene de alguien cercano o querido, el dolor es lacerante.

"¿En qué lugar quieren ponerme? Me molesta que digan que tengo presos políticos", ha respondido el presidente Alberto Fernández frente a las acusaciones de sectores duros del kirchnerismo que lo han embretado, otra vez, en este tema. 

Repare usted mismo, lector/a, en las palabras textuales del mandatario: "No tengo presos políticos. Hay, sí, personas detenidas de manera arbitraria por algunos jueces. Y hay un uso excesivo de las detenciones preventivas en ciertos casos. Pero el Presidente no detiene ni mantiene presos, esa es tarea de la Justicia. No sé qué estamos discutiendo, no sé qué nos quieren hacer discutir y no sé en qué lugar me quieren poner. Francamente no lo entiendo".

En el video respectivo puede notarse claramente el refrenado fastidio del mandatario, Un enojo que, desincriptado, podría sintetizarse en el siguiente concepto: ¿tiene alguna lógica que en momentos que se está armando un mecanismo de relojería para reencaminar al país y hacerlo creíble, el Presidente tenga que ocuparse de una interna con miembros de la propia coalición gobernante?

Para el común de los ciudadanos, no hay tal lógica. Algunos sectores de la política suelen manejar otros parámetros, sobre todo cuando se dejan tentar por el ideologismo.

¿Dónde estoy?

La polémica sobre las detenciones de ex funcionarios kirchneristas ordenadas por la Justicia en la época de Macri bajo acusaciones de corrupción, ya la había habilitado Hebe de Bonafini apenas el nuevo gobierno nacional ingresó a la Casa Rosada.

Fue cuando Bonafini le exigió públicamente a Alberto Fernández que dijera "de qué lado estaba". Ello motivó un extenso encuentro a solas del mandatario y de la líder de las Madres de Plaza de Mayo, que pareció haber calmado las aguas.

Sin embargo, el aguijón volvió a clavarse en el entramado presidencial durante el periplo europeo de Alberto Fernández  donde expuso ante los líderes mundiales la necesidad de que el país logre una reconsideración en los plazos para el pago de la deuda con el FMI.

Esta vez el objetivo fue el jefe de Gabinete de la Presidencia y hombre de extrema confianza de Alberto, Santiago Cafiero, quien expresó los mismos argumentos que el Presidente cuando políticos de la provincia de Buenos Aires quisieron apurarlo con el asunto de los presos políticos. 

Guarda que escuchan

El preso político se da en las dictaduras. Cualquier penalista podrá explicar que es el preso que está a disposición del Poder Ejecutivo, el preso sin causa. En la Argentina no hay ningún preso a disposición del Poder Ejecutivo, sería imposible en un estado de derecho

Sorprendido por tanta liviandad, el mandatario ha pedido prudencia: "Si en el mundo alguien escucha hablar de que en Argentina hay presos políticos, lo primero que se va a pensar es que Alberto Fernández tiene gente encerrada en la cárcel por su condición política".

Como si estuviera dando clases, Fernández ha tratado de ser didáctico:"Pido a los compañeros que se den cuenta que nos están haciendo discutir un tema en el que no estamos en desacuerdo. Hay detenciones arbitrarias, sí, pero no presos políticos Si alguien fue crítico del accionar de la justicia fui yo, desde mucho antes de ser candidato. No seamos tontos, no caigamos en este debate". 

Chicanero, uno de los funcionarios más comprometidos, judicialmente hablando, el ex ministro Julio Vido, quien cumple detención domiciliaria a la espera de los juicios, dijo por Twitter: "Lamento molestar al Presidente por el tema de los presos políticos. Pero pregunto: ¿también le molestaron las opiniones del intendente  Jorge Ferraresi, Andrés Larroque, Teresa García, la ministra Elizabet Gómez Alcorta, el ministro Wado de Pedro y el gobernador Axel Kicillof?

Ese listado, que De Vido lanza con tanta arrogancia, parece una prístina hoja de ruta para intuir el origen del aguijón