Por Ariel [email protected]
Pasadas las 21 del miércoles este joven estaba en la casa de su novia, en el barrio Sargento Cabral de Las Heras, y juntos fueron a comprar a un quiosco cercano.
Un joven se salvó por milagro tras ser baleado por un ladrón: la bala le atravesó el cuello
Emanuel Núñez (26) todavía está conmocionado y casi incrédulo de lo que le pasó. Agradece vivir para contarlo y que esto casi no le haya dejado secuelas físicas, pero en su rostro cansado y dolorido se le nota la impotencia de ser una víctima más de la inseguridad.
Pasadas las 21 del miércoles este joven estaba en la casa de su novia, en el barrio Sargento Cabral de Las Heras, y juntos fueron a comprar a un quiosco cercano.
En el interior del almacén, llamado Karina, se encontraba atendiendo Agustina Celan (18) cuando irrumpió un sujeto armado y con casco de moto que le cubría su cabeza. Este hombre disparó –según testigos el tiro se le habría escapado– y una bala calibre 32 ingresó por el cuello de Emanuel Núñez, que se desplomó.
El malviviente amenazó a la chica que atendía y le dijo: “Dame la guita o te va a pasar lo mismo que a él”. De la caja de la recaudación sacó $1.500 según lo informado por la policía, y salió del local.
Afuera lo esperaba otro hombre, también con un casco en la cabeza, y ambos se subieron a una moto y escaparon. Toda esta escena ante la vista de niños que jugaban en la vereda del quiosco.
Vecinos tomaron a Emanuel, que estaba en el piso sangrando, y lo llevaron hasta el hospital Lagomaggiore. Allí primero los médicos le dijeron que la bala sólo lo había rozado y que con algunos puntos en la herida todo quedaría solucionado, aunque tras algunas placas radiográficas confirmaron que el proyectil estaba alojado en la tráquea y que debían operarlo para extraerlo.
La intervención quirúrgica fue exitosa y luego de una excelente recuperación Núñez recibió el alta ayer en la mañana.
“La saqué muy barata. No entiendo nada, después a estos tipos los encuentran, si es que esto pasa, y resulta que ellos tienen más derechos que nosotros que somos gente que labura. Yo trabajo todo el día y en la noche voy a la escuela. Te da mucha bronca que esto te pase”, dijo Emanuel, quien se recupera en su casa del barrio 8 de Abril, muy cerca de donde lo balearon, en compañía de su familia y de su novia. El joven se dedica a la construcción y en horario nocturno está terminando sus estudios.
“Hoy por suerte puedo hablar, comer y caminar. Si la bala hubiera entrado de otra manera podría haber quedado paralítico o morir desangrado”, concluyó Emanuel.
Es la triste realidad de la inseguridad en algunos casos: conformarse con que no fue peor.




