Por casualidad, una noche efectivos de Gendarmería Nacional apostados en el puente Victoria-Rosario rescataron a una adolescente que iba con dos hombres que la explotaban sexualmente. Regresaban de viaje desde Córdoba hacia Gualeguaychú, donde esa menor y otras chicas eran prostituidas en fiestas y asados con clientes de esta ciudad. José Cándido Manzanares y Dardo Rubén Darío Campoamor fueron condenados por el caso de esa víctima en 2014, pero aquella investigación reunió los testimonios de otras, por los cuales fueron nuevamente llevados a juicio. Esta vez fue un abreviado, en el que acordaron distintas penas. El primero cumplirá, en total, 10 años y medio de prisión, y el segundo seis años.
En el reciente fallo, el Tribunal Oral Federal de Paraná los sentenció por ser "coautores del delito de trata de personas menores de 18 años con fines de explotación sexual, agravada por el abuso de situación de vulnerabilidad, por el número de víctimas y por ser dos de las víctimas menores de 13 años al momento de la captación".
En este sentido, al valorar la prueba destacaron el testimonio de una de las víctimas, quien refirió en su declaración que conocía a los imputados desde que tenía 12 años, es decir desde 2008, y que se los había presentado su amiga M.B. Que desde entonces, Manzanares y Campoamor llevaban a las menores a hoteles alojamiento ubicados en las afueras de la localidad de Gualeguaychú, entre ellos el Kirirí y otro Ulé, o de un nombre similar, donde mantenían relaciones sexuales por dinero, en reiteradas oportunidades.
Asimismo, se recibieron testimonios de más adolescentes y a otras personas quienes ratificaron los dichos de las víctimas, y se incorporaron numerosos informes de investigaciones y entrecruzamientos de llamadas y mensajes de celulares.
En la sentencia, los jueces Noemí Berros, Roberto López Arango y Lilia Carnero, dieron por acreditado con el grado de certeza que "tales conductas fueron efectivamente consumadas por ambos imputados, desde 2008 hasta diciembre de 2011", y agregaron que no solo en los mencionados locales de Gualeguaychú se efectuaba la explotación sexual, sino también en departamentos de la ciudad de Buenos Aires. "Los imputados les pagaban entre 150 y 200 pesos para concretar los encuentros sexuales con los 'clientes' y, también, recibían vestimenta o regalos". Además, las víctimas refirieron que Manzanares las amenazaba porque tenían que trabajar para él.
En el análisis de la responsabilidad de cada acusado en la conducta investigada, señalaron que Manzanares "tenía el dominio completo del hecho", mientras que Campoamor tuvo una participación secundaria, por lo cual recibieron penas diferentes.
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El relato de las víctimas
El testimonio de una de las víctimas que motivó la segunda causa penal contra los dos tratantes, expresó: "Me llevaban ellos, también había otras personas, muchos, ellos hacían asados y llevaban chicas jóvenes. Los hacían detrás del cementerio y por la zona de la Terminal, una era una casa de familia y la otra un taller que vendían repuestos para autos y esas cosas, y otra en calle Las Tropas. Solo conocía a ellos dos y a otro más del club Defensores. Había mucha gente, iban abogados, enfermeros. Nos contactaban por mensajes, nos iban a buscar a dos cuadras de mi casa, en una esquina. De ahí nos íbamos a un hotel, a comer asados, a tomar helados, nos sacaban a todos lados. Teníamos relaciones, para lo cual me pagaban, me pagaban de 150 a 200. A Manzanares lo veía una vez a la semana o tal vez cada dos semanas, pero a Campoamor lo veía todos los días".
La víctima de la primera causa había declarado en cámara Gesell: "Se juntaban a comer asados y a cogerse a las pendejas, yo estaba ahí obligada".



