Por Alejandro Gamero
Se trata de Julián Calderón, jugador de Liceo Rugby Club. El 22 de setiembre bajó de un auto, tomó del cuello a un joven de 17 años y le dio un puñetazo que le provocó desprendimiento de retina.
Rugbier mandó al quirófano a un menor y fue imputado
Más violentos que antaño, los ataques entre adolescentes bien posicionados social y culturalmente en Mendoza han derivado en una problemática cada vez más común en la Justicia provincial: la imputación a jóvenes agresivos por las severas lesiones que ocasionan a sus víctimas.
El último caso, ocurrido el 22 de setiembre en pleno barrio Palmares, tuvo como protagonista a un rugbier de 18 años del Liceo Rugby Club, quien mandó al quirófano a un menor de 17, tras asestarle un violento puñetazo en el ojo izquierdo luego de haberlo tomado del cuello.
El diagnóstico del instituto Zaldivar reflejó la severa lesión: “Perforación en semiluna superior, protrusión de iris por herida dejando restos de pigmento iridiano en cápsula anterior del cristalino, por lo que fue sometido a cirugía de urgencia el 24. Incapacidad ocular de al menos un mes y reevaluación a los tres meses”.
En mayo, el joven agresor ya había amenazado por Facebook a su víctima, anticipándole lo que finalmente ocurrió.
Por la grave lesión, Julián Calderón fue sentado en el banquillo de los acusados e imputado del delito de lesiones graves dolosas, artículo 90 del Código Penal que prevé penas de 1 a 6 años de cárcel.
El mencionado artículo del Código dice puntualmente: “Se impondrá prisión de 1 a 6 años, si la lesión produjere una debilitación permanente de la salud, de un sentido, de un órgano, de un miembro o una dificultad permanente de la palabra o si hubiere puesto en peligro la vida del ofendido, le hubiere inutilizado para el trabajo por más de un mes o le hubiere causado una deformación permanente del rostro”.
Un golpe demoledor
A diferencia de otros casos, no hizo falta en este una paliza para infligir el daño causado. Calderón, según la denuncia y los testigos, aplicó un solo puñetazo a su víctima, pero fue de una violencia tal que el menor de 17 años fue derecho a cirugía.
En la acusación que el fiscal de Godoy Cruz Lauro Monticone le informó a Julián Calderón, anoticiándolo de que está imputado por lesiones graves dolosas, se indicó: “El día 22 de setiembre a las 4, la víctima (cuya identidad preservamos por ser menor) se encontraba en la vereda de un domicilio del barrio Palmares junto con unos amigos y amigas. En ese momento, arribó un vehículo color gris, del cual bajó Julián Calderón, quien se abalanzó sobre la víctima, la tomó del cuello, la empujó contra un árbol y le propinó un golpe de puño sobre su ojo izquierdo. Luego Calderón subió al vehículo y se retiró”.
Ante los hechos descritos a Calderón, él se abstuvo de declarar. No obstante el fiscal, le prohibió acercarse a menos de 100 metros de la víctima.
Los testimonios que involucran a Calderón y acreditan lo sucedido no sólo los brindan los amigos del agredido sino también, la propia novia de Calderón. La joven confirmó la agresión porque ella se había retirado un rato antes del lugar donde se produjo el ataque y aunque no lo vio, una amiga le contó al otro día por teléfono.
Hasta el acusado reconoció su violenta conducta, ya que le pidió disculpas a la víctima por mensaje de texto y días después fue con su padre a hacerlo personalmente, aunque el daño ya estaba hecho y la denuncia penal, en marcha.
Acoso y amenazas
La persecución de Calderón contra el menor agredido venía madurando desde hacía meses hasta que finalmente se concretó. Un mensaje en Facebook lo prueba. Según la propia víctima denunció, el 20 de mayo le llegó por chat un mensaje del usuario juliancitocalderón en el que da cuenta de los motivos por los cuales Calderón lo intimida hasta que finalmente le dice: “Mirá te la hago corta hermano... yo no quiero tener problemas con nadie pero si te la tengo que poner a vos y a todos los que se me pongan enfrente, yo lo hago, así que mejor quedate en el molde guachito, porque no te voy a decir nada, te voy a pegar de una”.
El 9 de setiembre se vino la segunda amenaza y ya fue en persona. Otro menor, amigo de la víctima, dio cuenta de ella en declaración testimonial. Contó que ambos estaban en el boliche Al Diablo. “A eso de las 3 de la mañana veo a Julián Calderón que ahí nomás se le vino encima a mi amigo (la víctima) lo agarró del cuello y le dijo que lo iba a matar. Luego me agarró a mí de la ropa y me metió un cabezazo”.
Tres días después de la golpiza, el 25 de setiembre Julián Calderón le envió a la víctima un mensaje de texto pidiéndole disculpas: “Disculpame por lo que pasó, está (textual) muy enroscado porque me sigo enterando de cosas, me fui de mambo, perdoname”.




