Sebastián Prado Cuccia (33) fue herido en una pelea, en enero pasado, en un bar de calle Arístides Villanueva. Su madre asegura que los agresores se pasean frente a su casa.

Le dispararon por la espalda en un bar de la Arístides, lo dejaron paralítico y ahora lo intimidan

Por UNO

Hasta el 4 de enero pasado, hace ya 6 meses, Sebastián Prado Cuccia (33) -homónimo del médico asesinado en Ciudad- invertía sus días en perfeccionarse como bailarín de hip hop y break dance, disciplinas con las que había viajado por toda Latinoamérica y obtenido varios premios como profesional. Pero esa madrugada, en medio de una pelea en la puerta de un boliche de calle Arístides Villanueva, el joven recibió un balazo por la espalda que aniquiló el movimiento de sus piernas, y con ellas sus sueños. “Él vio perfectamente quién le disparó y así lo denunciamos, pero tanto el autor del disparo como su cómplice no sólo siguen libres, sino que se pasean por el frente de mi casa (en Las Heras) para intimidarnos, para que dejemos de pedir justicia”, denuncia Nora, su mamá.

Desde aquel 4 de enero Sebastián, más conocido en el ambiente de los bailarines como Batán, cambió sus horas de baile por sesiones de rehabilitación en el hospital Lencinas, y actualmente por las tardes hace natación en el Gimnasio Nº1 de Ciudad. El joven no se resigna a haber perdido toda sensibilidad de la cintura hacia abajo y pretende continuar ejercitándose con la ilusión de poder valerse por sus propios medios.

“Hace rehabilitación 6 días a la semana, ahora le colocan algo parecido a una bota para sostenerle toda la pierna, y no deja de ejercitarse para ver si puede sostenerse. No se entrega, y yo pienso hacer lo mismo para que estos tipos vayan presos”, dice, resuelta, Nora Cuccia, quien actualmente está jubilada, pero fue sargento de la Policía, y entre otras divisiones pasó por Investigaciones.

Según la mujer, aquella noche Sebastián discutió con un joven en el baño del bar Mini Moog, ubicado en Arístides Villanueva al 426, y su contrincante le rompió un vaso en el rostro. Recién cuando pudo detener el sangrado que le provocó el corte Sebastián habría salido a buscar al agresor, que a esa altura ya estaba sentado en el asiento del acompañante de un auto que conducía un amigo, a punto de dejar el lugar.

“Mi hijo se abalanzó sobre el auto y éste tipo le gritó al que conducía ‘matalo’. Al ver el arma, Sebastián corrió y el que conducía le disparó por la espalda. La bala, que era calibre 9 milímetros, le destrozó la médula”, repasa Nora, y la consecuencia de aquel disparo le ahoga el final de la frase.

Pese a estar herido, Sebastián permaneció constante y pudo ver la patente del auto en el que finalmente escaparon los agresores. Ese dato, y algunos  más aportados por varios de los testigos que se agolparon en el lugar colaboraron para identificarlos.

Prófugos y amenazantes

La investigación de la causa que lleva el número 1196/14 recayó en manos de la fiscal de Ciudad Daniela Chaler, quien imputó al joven que atacó a Sebastián con el vaso por lesiones leves, y al presunto autor del disparo, identificado como Elio Miguel Lucero González, le endilgó el delito de homicidio agravado por el uso de arma fuego, en grado de tentativa. “Este hombre tiene pedido de captura, está prófugo y la policía de Investigaciones lo sigue buscando”, confió la fiscal de Ciudad.

Sin embargo, según asegura Nora, tanto el joven que lo atacó con el vaso como el que le disparó a Sebastián “se pasean como si nada y hasta pasan por el frente de mi casa, como queriendo intimidarnos para que  abandonemos la causa, pero eso no va a pasar porque yo no voy a parar hasta ver al autor del disparo tras las rejas. Ese tipo acabó con la vida de mi hijo”, recalcó.

Tan decidida está que el viernes pasado fue hasta la Legislatura provincial y le dejó una carta al vicegobernador, Carlos Ciurca, en donde no sólo expone la situación en que se encuentra la causa, sino que le pide “protección  porque no sabemos contra quienes peleamos”, destaca en la misiva.

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Sebastián prueba unas botas para sostenerse.
Sebastián prueba unas botas para sostenerse.