A casi cinco meses de la masacre del barrio Trapiche, en la que un profesor de artes marciales asesinó a puñaladas a tres mujeres y acuchilló a dos de los tres niños que milagrosamente sobrevivieron, los hermanitos Arias retoman su vida con su abuela Miriam. Mientras, la familia va acomodando un pasado que nunca se irá de forma definitiva. La casa de la masacre está en venta, aunque no hay ningún cartel que revele esa situación. Sin embargo ha sido ofrecida a interesados que con un crédito en mano han llegado a visitarla por su precio accesible, monto que no ha trascendido. Pero la reciente historia que pesa sobre la vivienda ha ahuyentado a los potenciales compradores. Los cuatro hermanos Arias, dos varones y dos niñas, todos hijos de Claudia Arias, asesinada en el ataque, están con una tenencia provisoria con su abuela materna, Miriam Ortiz, viviendo muy lejos de allí, más precisamente en Las Heras. Mientras tanto, en la Justicia pronto habrá novedades con Daniel Zalazar (30), de quien se terminó comprobando por un estudio de ADN que no era el padre de la pequeña Mía, lo que su mamá, Claudia Arias, le reclamaba.La bebé de un año también fue víctima aquella terrorífica noche del 23 de octubre de la furia de Zalazar, quien estalló de un segundo a otro, sin previo aviso, y mató una a una, primero a Claudia Arias, después a su tía Susana Ortiz y luego a la bisabuela de los menores, Vicenta Díaz. En el medio del desastre uno de los menores, el de 11 años, recibió más de 20 puñaladas y la beba sufrió varios cortes. No está claro si los atacó directamente o quedaron en medio del agresor y las víctimas mortales durante el ataque. El otro menor salvó su vida por esconderse a tiempo, primero en el jardín y luego en el baúl del auto con su perro. El asesino lo buscó, olió que estaba en el baúl pero no pudo abrirlo. Dejó un reguero de sangre alrededor del auto donde estaba el niño.En abril se cree, Zalazar, quien al ingresar a la cárcel les dijo a los penitenciarios que se quedaran tranquilos con él porque era buena gente, enfrentará la audiencia donde se decidirá si es enviado a juicio oral y público.El fiscal de Homicidios, Gustavo Pirrello, ya resolvió la elevación a juicio pero la defensa de Zalazar se opuso ante el juzgado de garantías, argumentando una larga lista de nulidades que tendrán que ser analizadas por el juez para habilitar o no el envío de la causa a juicio.Mientras, en Las Heras, Miriam Ortiz, la abuela de los niños, reconstruye literalmente y poco a poco la cotidianeidad de los menores que ahora están a su cargo. La casa está en plena ampliación. Una planta alta donde se construyen dos habitaciones está prácticamente concluida en la obra gruesa y falta avanzar sobre el fino. Es la remodelación que la Municipalidad de Godoy Cruz prometió y le está cumpliendo costeando esa obra, necesaria para que los cuatro niños tengan sus habitaciones propias en la casa de su abuela, que es una sencilla vivienda del IPV. De los cuatro, tres están en edad escolar y van a la escuela a la que siempre fueron en Godoy Cruz. "Se nos complica por la distancia pero no queremos que pierdan sus amigos, compañeros ni las maestras que le han dado gran contención, por eso no los hemos cambiado de colegio", contó a Diario UNO Sebastián Arias, hermano de Claudia. Los niños están físicamente recuperados salvo por la beba, que aunque está bien todavía necesita de una sonda prescripta por los médicos, que es temporal. El tema psicológico es el más delicado. Tienen seguimiento y los dos hermanos son bastante herméticos a la hora de demostrar emociones. Tanto su abuela como su tío están expectantes en ese sentido. También la abuela, Miriam Ortiz, comenzó a recibir la asignación universal por hijo, otra de las promesas de las autoridades para tener recursos para mantener a los niños. Sin embargo, sólo está cobrando dos asignaciones de las cuatro que corresponden. Las otras están en trámite y aún no han salido a pesar del tiempo que ha pasado. A Sebastián Arias, el hermano de Claudia, que al momento de la masacre estaba sin trabajo, le ofrecieron el puesto que ocupaba su hermana en AYSAM. El joven, claro está, lo aceptó y está trabajando pero se le presenta el problema de no poder continuar con sus estudios en la Universidad Tecnológica Nacional. Si trabaja la totalidad de las horas no puede cursar, por lo que está frente a una encrucijada en la que debe decidir qué hacer, además de tener que ayudar a diario a su madre y a sus sobrinos.
La casa ya fue puesta en venta y está vacía desde que la Justicia terminó, hace cuatro meses, de recolectar evidencias. Los niños sobrevivientes están físicamente bien y viven en Las Heras. En abril se definirá si Zalazar va a juicio




