José Luis Salas
“Si, maté a mi madre… y está muerta… la maté, listo… vos mandá una ambulancia y listo… la ahorqué”. Así, entre balbuceos, Walter Eduardo Montoya avisaba a una operadora del CEO local la fatal decisión que el 6 de noviembre pasado terminó con la vida de Elsa Dora Olivera, de 85 años. Aunque en un primer momento se habló de un pacto suicida que no se completó, la justicia no encontró pruebas de ello y como consecuencia el 11 y 12 de agosto el hombre será juzgado por “homicidio agravado por el vínculo” en la Primera Cámara del Crimen.
Esa noche la policía ingresó a la habitación Nº6 de la residencial La Esperanza, de Avellaneda al 200, donde hacía varios días se hospedaba Montoya, y se encontró con el cuerpo sin vida de la mujer, el hombre con el rostro desencajado y los ojos llorosos y la hija de éste, que había llegado un momento antes, quien al momento de ingreso de un jefe policial le dijo “él es mi papá, han hecho un pacto”, según se desprende del escrito de elevación a juicio.
Las pericias revelaron que la muerte ocurrió entre las 10 y 12 de la mañana en esa habitación, donde la víctima fue asfixiada “con precintos plásticos de 45 centímetros de largo y 5 milímetros de ancho”. Aparentemente permaneció allí varias horas hasta que el hombre decidió llamar a su hija y al 911.
En principio se investigó la hipótesis de un supuesto pacto suicida, ya que Montoya, un taxista de 51 años, se había separado de hecho días antes de su mujer, sufría de diabetes, presión alta y problemas del corazón, además su madre tenía el Mal de Alzheimer.
Su hija declaró que Montoya tenía un libro donde en dos hojas escribió “decidimos con tu abuela terminar con esta vida de m…”. También había escrito: “hoy miércoles 6 con mi madre le ponemos fin a esta vida de mierda hay k tener huevos para esto del cielo los vos a cuidar a los k amo mi madre esta conforme con esta decisión los amo”, acompañado de dos firmas y números de DNI.
Los encargados de la instrucción de la causa consideraron que no hubo elementos que den crédito a la versión del pacto suicida. Además, la fiscal de instrucción concluyó que el acusado, tras la muerte de su madre, “se autolesionó, provocándose una serie de lesiones superficiales sin entidad para poner en riesgo su vida, que de alguna manera relativizan la existencia real de un acuerdo suicida anterior”.
Ahora en el debate oral los jueces tendrán la tarea de determinar si hubo pacto suicida o no, y si Montoya actuó sabiendo lo que hacía o con la razón nublada por los problemas que lo aquejaban. La acusación final dependerá del fiscal de cámara Norberto Jamsech. El acusado será representado por la defensora oficial María del Carmen Camiletti.




