El agente defendió en una pelea al reconocido delincuente juvenil que apareció sin vida en la cárcel. El uniformado sufre síndrome de Burnout.

Indemnizarán a penitenciario que creyó estar contagiado de VIH por el Perro Videla

Por UNO

Por Sebastián [email protected] / @sebasalas_

Un agente penitenciario recibirá una importante indemnización tras iniciar una demanda laboral por sufrir un síndrome de estrés permanente debido a su trabajo. Entre sus principales padecimientos, relató cuando tuvo que defender de una golpiza a un reconocido delincuente juvenil y creyó ser contagiado con el virus de inmunodeficiencia humana (VIH).

José Eduardo Pérez relató que comenzó a trabajar el primer día de abril de 2002 en el sistema penitenciario provincial, cumpliendo tarea en la seguridad interna de los establecimientos carcelarios.

El hombre aseguró que una jornada debió defender a puños a uno de los presos que era atacado por otros reclusos encapuchados. No era nada más ni nada menos que el Perro Videla, el tristemente célebre delincuente juvenil que se convirtió en uno de los primeros menores de edad en ser condenados a prisión perpetua en Mendoza –ver aparte-.

Tras la agresión, el penitenciario salió del pabellón y notó que tenía manchas hemáticas, tanto de su propia sangre como de Videla, quien padecía la enfermedad del SIDA.

A los ochos meses, un equipo médico le confirmó que no había sufrido el contagio del VIH. Durante ese lapso, el hombre sufrió problemas de discriminación en su trabajo y debió tener “cuidado en el contacto físico con sus hijos y cónyuge”, según relató en la demanda.

Entre otros hechos enumeró haber recibidos insultos y amenazas por parte de los presos casi diariamente.

En agosto de 2011, a Pérez le realizaron un control psicológico donde le diagnosticaron la enfermedad de Burnout. Se trata de un síndrome que se evidencia en estrés prolongado generado por el ámbito laboral. Según los especialistas, el hombre tiene un incapacidad del 20 por ciento.

Es por esto que inició el litigio judicial contra la asegurador de riesgos del trabajador (ART) Prevención, a la cual reclamó casi 120 mil pesos en concepto de indemnización por incapacidad.

La demandada contestó, entre otros argumentos, que “las tareas descriptas en el escrito de demanda, salvo hechos excepcionales, son las habituales del trabajo del actor” y que “están enmarcadas en un contexto para el cual el agente ha sido preparado y especializado”.

El expediente laboral llegó hasta la Quinta Cámara del Trabajo que hizo lugar al reclamo y ordenó indemnizar al trabajador con casi 140 mil pesos, más intereses y costas. La jueza recordó que los psicológicos aseguraron que el penitenciario sufre “estado de alerta, se sobresalta fácilmente, impaciencia, disminución de la autoestima, temor, desánimo, dificultades para disfrutar actividades como lo hacía antes, sentimientos de inseguridad, presenta temor que le pase algo a él o a su familia”.

¿Quién era el Perro Videla?

El 21 de junio de 2005, Ricardo David Videla apareció sin vida, ahorcado en su celda del sector de máxima seguridad de la cárcel de Boulogne Sur Mer. El joven de 20 años estaba cumpliendo una condena a prisión perpetua a la que fue sentenciado cuando era menor de edad.

Homicidios, robos, tenencia de armas y un intento de fuga fueron algunos de los delitos por los que le reconocido delincuente fue encontrado culpable. La dura pena que recibió produjo la intervención de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, organismo que en esa época tenía la lupa encima del sistema carcelario provincial.

Su muerte también tejió un manto de dudas sobre si se había tratado de un suicidio –apareció colgado de un cinturón- o fue asesinado. Los investigadores judiciales se inclinaron finalmente por la primera versión.

El Perro Videla fue amigo en su adolescencia del Tanga Gómez, el principal acusado de asesinar a Matías Quiroga en un asalto a un camión blindado en Godoy Cruz en 2012. Incluso ambos supieron encabezar una fuga del Sistema de Responsabilidad Penal Juvenil (ex COSE).