Esto no fue impedimento para que los delincuentes prosiguieran su faena, mientras uno apuntaba a la mujer y los niños que no dejaban de llorar aterrorizados. Este nuevo caso de ataque a una vivienda rural se suma a otros ocurridos en la zona en los últimos tiempos, ya que los delincuentes aprovechan el aislamiento en el cual viven estos trabajadores y sus familias. El caso de Johana Cari es uno más.
El ataque La joven madre estaba el miércoles a las 21.30 con sus hijitos en la vivienda de calle Roque Sáenz Peña 1.500, en la finca López de Maipú, cuando escuchó el insistente ladrido de los perros que cada vez se hacían más fuertes. Esta situación no muy usual hizo que se levantara de la silla y se asomara por una de las ventanas, pero no vio nada alarmante. Esto fue en un primer momento, porque a los pocos segundos vio pasar subrepticiamente a dos sujetos con capucha y allí se percató del peligro. Entonces, fue corriendo hacia el dormitorio donde estaban los pequeños y justo en el preciso instante que había tomado el celular para pedir ayuda a su marido fue interrumpida con violencia por los sujetos: “¿A quién estabas llamando, hija de puta?”, le preguntó el que era más violento, mientras le exigía que le diera todo el dinero que tenía en la casa. Como ella le manifestó que no contaba con grandes sumas ya que por lo general trabajan con cheques, esto enfureció aún más al delincuente, quien la calificó como “una muy mala madre” porque no entregaba el dinero para salvar la vida de sus hijos. A todo esto, los otros dos cómplices hurgaron en toda la casa y sacaron dos televisores de 42” y 46”, un horno microondas, una Play Station, una cámara filmadora, una juguera, $2.500 y cheques por un valor de $65.000. Pero, además, como Johana se dedica a vender cosméticos en la zona, se llevaron todos los perfumes, las cremas y también los objetos de bijouterie. No obstante, no se conformaron con cargar todos estos elementos en la Toyota, propiedad de la víctima, sino que también sustrajeron diversos tipos de ropa.
“Todo esto me pareció eterno, una pesadilla” “Esta es la cuarta vez que nos atacan y en dos de las veces que ello ocurrió, estábamos todos adentro. Ahora para poder entrar rompieron la ventana del baño”, dijo la joven.
Huellas del momento Aún con el rostro demacrado por los momentos vividos que le impiden todavía reaccionar, reiteró: “El terror prevaleció en mí en todo momento porque uno estaba como loco. Fue quien, mientras yo tenía apretado a mi pecho a Diego y trataba de calmar a Cintya, para poder arrebatármelo me ató de manos y pies”. Y siguió con este relato tremendo: “Allí fue el peor momento de mi vida porque llevaron a mi bebé a la camioneta y no sabía si pensaban llevárselo con ellos como habían amenazado... Todo me parecía eterno. Solamente cuando sentí su llanto me tranquilicé porque escuché que partieron en la camioneta”. “Fui corriendo a levantarlo, pero me parecía todo una pesadilla que no quiero vivir más”, afirmó mientras miraba al pequeño que jugaba alegremente a la pelota y Cintya repartía besos. El caso está bajo investigación judicial en el departamento Maipú. Hasta anoche no había detenidos.