Los abogados de la Fundación Xumek, dedicada a la protección y promoción de los derechos humanos, son desde hace pocas semanas los que representarán a la familia Bolognezi como querellantes.

Expectativas por el nuevo juicio en el caso de José Luis Bolognezi

Por UNO

Por Enrique [email protected]

Hay dos historias, una humana y otra escrita que figura en 20 polvorientos y caóticos cuerpos con miles de fojas. Las dos se llaman José Luis Bolognezi. La primera es la de un muchacho de 19 años que fue asesinado hace  11 años, el 14 de setiembre de 2002, y quien lo mató no ha recibido castigo.

La segunda historia figura en el expediente Bolognezi, y fue escrita de la manera más desprolija imaginable.

Un tribunal dice ahora que tratará de desentrañarla y ponerle un punto final el próximo 18 de noviembre. Pero todavía ese objetivo es casi una utopía.

Los abogados de la Fundación Xumek, dedicada a la protección y promoción de los derechos humanos, son desde hace pocas semanas los que representarán a la familia Bolognezi como querellantes.

Su presidente, Lucas Lecour, indicó ayer: “Nos hicimos cargo hace un mes. El doctor Sergio Salinas y yo estaremos al frente, pero todavía no hemos podido tomar contacto con el expediente. Recién lo podremos hacer la  semana próxima. Por ahora hemos tratado de que la familia Bolognezi se quede tranquila, de que impulsaremos la causa”.

Por el otro lado el doctor Juan Carlos Ruiz, abogado defensor de Abdo Girala, confirmó que “iremos en casación y haremos un planteo de nulidad” con respecto al rechazado no bis in ídem –no dos veces por lo mismo– que  había interpuesto ante el tribunal de la causa y que fue rechazado.

“Llegaremos hasta donde nos dejen llegar”, acotó Ruiz, y agregó que la defensa está dispuesta, incluso, a recurrir en queja hasta la Corte Suprema de Justicia de la Nación tratando de que se atienda su pedido de que “nadie  puede ser juzgado dos veces por el mismo hecho”.

A diferencia de los letrados de la querella, Ruiz está desde el inicio mismo de la causa. Sin embargo las dos partes optaron por mantener en reserva sus estrategias.

Entre tanto Alejandra Ruiz, abogada del otro imputado, Carlos Metralleta Pérez, está a la expectativa de lo que se resuelva con los planteos de su colega defensor.

Hay un principio que sostiene que la Justicia para que sea efectiva no sólo debe lograr llegar a la verdad sino que además la sentencia debe llegar a tiempo. En este caso está tardando demasiado.

En la intimidad del tribunal se tiene un objetivo claro: si el expediente no permite llegar a la verdad, al menos se deben desnudar todas las deficiencias y errores que se cometieron en el proceso.

Sólo basta un ejemplo, que es el primer eslabón de una larga cadena de desidia, incapacidad y tal vez hasta mala intención. Apenas a un par de horas de haber ocurrido el crimen la causa ya corría el grave riesgo de quedar en la nada.

“Cuando yo llegué ya estaba todo alterado. Habían tapado el cuerpo con un nailon negro y el terreno estaba todo pisado por los policías. Yo le grité: ¡Sáquenme el milicaje de acá!, pero ya el lugar del hecho estaba alterado”,  contó en su momento el oficial de la Policía Científica Abel Antonio Espalla, uno de los dos efectivos que arribaron al baldío en donde fue hallado el cadáver la mañana del 14 de setiembre de 2002.

“Nosotros no teníamos ni guantes ni cámara fotográfica para realizar el trabajo. Yo llamé cuatro veces al médico policial para que se constituyera en el lugar y colaborara en el trabajo, pero nunca apareció”, contó.

Los primeros dos años se cometieron otros muchos desastres procedimentales. Hasta que apareció una mujer, Ana María Puebla, que dijo haber sido testigo del crimen.

Durante estos 11 años Puebla fue la clave del expediente. Algunos aseguran que miente descaradamente y otras que es una de las pocas que se animan a contar la verdad.

Desde el momento en que se presentó ante el polémico comisario Héctor Quiroga y le dijo que podía ayudar a esclarecer el crimen, la mujer prácticamente desapareció de la vida social de San Martín. Algunos dicen que tiene  miedo porque miente, otros que lo tiene porque cuenta la verdad. Diga lo que diga, su testimonio no evitará que se deje en claro que el crimen más grave lo cometió la misma Justicia.