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El Gran Mendoza concentra casi todos los homicidios de este año

Alejandro Gamerogamero.alejandro@diariouno.net.ar

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El misterio se devela rápido en Mendoza cuando se repasan las cifras de los asesinatos. La violencia está ahí, donde está la pobreza, la marginalidad y el conflicto social. Ahí, donde la ley y la policía gobiernan sólo hasta la puerta de sus comisarías sin poder tener el control de las calles, en barriadas de mala fama, en las que andar armado es más común que lo que podría imaginar un residente de clase media o alta de algún barrio de más allá.

Ese escenario de sangre y venganza es, además, propio de la gran ciudad.

Por eso impresiona pero no sorprende que de los 28 asesinatos que se contaron en toda la provincia desde el 1 de enero hasta la fecha, 25, esto es el 82% del total, se cometieran en el Gran Mendoza, donde viven casi 1 millón de personas y abunda la marginación, sector en el que el delito recluta su mano de obra.

El contraste con el resto de las regiones de la provincia es abismal. El Este y el Sur apenas registran un par de homicidios cada uno y el Valle de Uco sólo uno, y aún mas: en esas zonas algunos hechos tuvieron características privadas no relacionadas con la delincuencia sino con desgracias intrafamiliares.

Fuera del Gran Mendoza, el interior provincial no es un remanso de paz y seguridad, porque el robo, y lo dicen las estadísticas desde hace años, abunda por todos lados. Pero la muerte violenta reside en la zona metropolitana. Fuera de ella, es otro mundo.

Esa muerte violenta se despliega impune en barriadas conflictivas, conocidas y de bajos recursos económicos. Basta repasar los casos y donde ocurrieron: barrio Lihué, La Gloria, Huarpes, Papa, Sarmiento, San Martín y el Bajo Luján, entre otros, todas zonas architradicionales a la hora del crimen.

Más joven, más riesgo de morir

En ese panorama, la mitad de las víctimas ejecutadas a sangre fría en toda la provincia son jóvenes, de 17 a 25 años, asesinados (en los casos con detenidos) por otros jóvenes de similares edades.

Este grupo etario encabeza el 2013 hasta ahora con 13 víctimas mortales. Lo sigue el que va de 25 a 40 años, con 8 asesinatos más. Ambos grupos suman 21 muertos sobre un total de 28.

Se repite la crónica policial una y otra vez en las zonas y en los hechos: “Lo mataron en la puerta de su casa”, “se acercaron y sin mediar palabra le dispararon”, “le tiraron desde una moto” o “desde un auto”, “lo apuñalaron en una discusión”.

El ajuste de cuentas, la venganza y la pendencia son las principales causa de asesinatos en los barrios bravos. Una descripción breve y precaria que no permite revelar las verdaderas razones de esos crímenes.

Casi nunca se termina de saber si fue por una deuda, por drogas o por una mujer. En los juicios, los testigos padecen amnesia y apenas se acuerdan de haber visto pasar al imputado.

Así, los ajustes de cuentas y las muertes por peleas o tiroteos, sumadas, llegan a 16 en lo que va del año. Esto es más de la mitad del total. La pistolas y los revólveres con sus balas son el arma homicida por excelencia; la noche, el horario central de la criminalidad, y las zonas rojas y sus alrededores, su principal campo de batalla.

Robos a sangre fría

En el relevamiento, las muertes por robos o asaltos fueron 7 en total, y se ubican en el segundo puesto de las causas de muerte.

Los móviles y los motivos son variados, y casi siempre irracionales. Como le ocurrió a Hilda Tarditti, la anciana de 80 años a la que se le metieron en su casa de la Cuarta Sección, para robarle. A pesar de que era inofensiva, la ataron de pies y manos y la estrangularon con una soga.

O el adolescente que le dijo al quiosquero de 57 años de Las Heras Jorge Soto “salí viejo, no me hagas que te mate”, y como no salió lo mató.

Al verdulero sanrafelino de 72 años muerto el 4 de enero, al que ni le avisaron. Un joven de 17 le dio un tiro por la espalda.

Queda claro que el que está armado manda. Por eso Néstor Silvestre de 38 y Néstor Lázaro de 34 encontraron la muerte la misma noche, en el mismo barrio (el Lihué), con dos horas de diferencia. A uno le robaron la moto y al otro quisieron robarle sin éxito el auto. Los balearon sin más.

Los crímenes pasionales se destacaron, siendo ya tres en el año, una cifra alta porque no son comunes.

El hombre baleado en Alvear por su mujer depresiva a partir de una infidelidad. Ella se suicidó. La mujer policía muerta de un balazo por su pareja, también policía. La señora que mató al marido de un mazazo en la cabeza, luego se bañó y se entregó en la comisaría.