Diario Uno Policiales

Los atoramientos por accidentes desnudan la sed del show por la tragedia antes que el sentido por cooperar.

Cuando el morbo aplasta la solidaridad

Por UNO

Por Catherina GibilaroJefa de Policiales

cgibilaro@diariouno.net.ar

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Justo poco antes de las 16 del jueves, hora en que cientos de personas transitan por el Acceso Este para ir habitualmente a la ciudad a realizar sus tareas o simplemente para hacer trámites o compras, hubo que armarse de paciencia porque por enésima vez se registró el ya clásico accidente vial entre un automovilista y un motociclista.

Esto, que ya se convirtió en el pan nuestro de cada día pero a lo cual no deberíamos acostumbrarnos, sucede generalmente debido a actos de imprudencia que a veces dejan boquiabiertos a cualquier mortal,

Es allí donde comienza una escalera ascendente de malestar, broncas y suspiros profundos de impaciencia, mediando también alguna palabrota para aquellos que tienen un horario que cumplir y ven que, pese a sus buenas intenciones, no pueden hacerlo.

Los desvíos que desesperadamente hace la Policía Vial rememoran tantas postales similares, que lo que menos importa al final es realmente lo que ha sucedido.

Ya no se preguntan si hay un muerto o no. Quieren verlo a toda costa, y ahí comienza el morbo de algunos automovilistas que se detienen no para ir en ayuda de la víctima, sino para satisfacer su propio placer. Por eso asoman las cabezas (si es que las tienen), a riesgo de que un vehículo de mayor porte se las haga volar, y no literalmente. Ni hablar de los padres que dejan a sus hijitos hacer otro tanto, sin protegerlos de una visión que a los periodistas de policiales muchas veces nos colma de horror. Todo es un show mediático: participaron en el accidente, lo vieron, lo palparon, estuvieron allí. ¿Haciendo qué? Nada. Estorbando la tarea de los policías de la Científica, que a veces se queda afónicos pidiendo que circulen para que ellos puedan hacer los respectivos peritajes. Sólo así se podrá determinar sobre quién recaerá la responsabilidad del accidente, que no es poca cosa al momento de resolverse judicialmente, máxime si hay heridos o muertos.

Ayer, durante más de una hora, sólo tres carriles estaban habilitados –en cámara lenta– por culpa de los automovilistas que obstruyen a sus pares con la sola finalidad de tener algo para contarles a sus amigos o sacar fotos o filmar la escena. “¿Viste el choque de ayer en el Acceso Este? ¡Pobre vago! Yo estuve allí y no lo podía perder”. ¿Perder qué? Si tan sólo meditaran un segundo, comprenderían que la víctima o las víctimas no necesitan de esos personajes que en nada benefician a la sociedad, sino que la corroen.