Los pormenores del caso. Dos delincuentes llegaron hasta allí y se presentaron como víctimas de un delito, pero luego terminaron hiriendo a un suboficial y llevándose varios elementos.

Cómo fue el insólito caso del asalto a la comisaría en Rivadavia

Por UNO

Por Enrique [email protected]

El hombre que ingresó a pedir auxilio terminó siendo el atacante. Eso fue lo que sorprendió al suboficial Walter Guerra (25), que a las 23.30 del martes estaba solo en el flamante destacamento policial del distrito rivadaviense de Santa María de Oro y que, a punta de cuchillo, fue asaltado por ese primer desconocido y por un cómplice que ingresó inmediatamente después. Guerra quiso resistirse pero recibió un corte de poca profundidad detrás de la oreja derecha. Los arriesgados delincuentes se llevaron la pistola reglamentaria de policía, una escopeta Itaka, un chaleco antibalas y otros objetos.

“Los policías tienen que estar en la calle”, es la repetida frase que repite gran parte de la población, de los jefes policiales, cuando se les reclama seguridad y también de muchos funcionarios políticos, especialmente en tiempos de campaña. Y esa frase, más que un paradigma, era una orden directa que se cumplía el martes a la noche en Rivadavia.

“El móvil afectado a este destacamento estaba realizando sus tareas de vigilancia y cumpliendo con un procedimiento. Por ese motivo había un solo policía para atender cualquier requerimiento”, explicó ayer el jefe de la Distrital Tres, Juan Ramón Alaniz. En definitiva, se estaba cumpliendo con las exigencias de la comunidad.

Lo que nadie suponía, y menos el suboficial Guerra, es que los delincuentes lo iban a “visitar” en ese destacamento, que fue inaugurado hace apenas tres meses.

El engañoGuerra vio entrar a un hombre que le dijo que quería denunciar “un Alfa 11”, como en código policial se identifica a los robos con armas.

El policía se aprestó a recibir los datos que el desconocido supuestamente le iba a proporcionar, pero en ese momento entró un segundo hombre. Y allí las víctimas se transformaron en victimarios. Se abalanzaron sobre el policía y, después de un forcejeo que incluyó un corte leve detrás de la oreja del uniformado, lo redujeron con el cuchillo de unos 17 centímetros de hoja que usaron para lastimarlo.

Le sacaron la pistola 9 milímetros reglamentaria, una escopeta Itaka, un chaleco antibalas, las llaves del destacamento y algunos otros efectos menores.

Reclamo de la comuna“Hoy la ciudad de Rivadavia no tiene ningún móvil. Uno está fuera de servicio por un accidente y al otro se le rompió la caja de cambios. La policía de la zona trabaja bien pero no tiene medios”, descargó ayer el intendente local, Ricardo Mansur.

“Se castiga a los que trabajan bien. Cómo en Rivadavia consideran que hay pocos delitos, comparada con otras zonas de la provincia, el ministerio no le presta la debida atención, y lo que ocurrió en el destacamento de Santa María de Oro debe servir como señal de alerta”, dijo el jefe comunal, que además indicó que “el personal policial que hay en las comisarías no es la cantidad que dice el ministerio, porque cuando informan los números, suman a la los efectivos que trabajan en otras unidades”.

Para el intendente “los que ingresaron al destacamento son gente que sabía lo que hacía y que iba a buscar armas. No creo que sean personas locales, ya que aquí hay muchos robos en los últimos tiempos, pero no de gente tan preparada”.

La inseguridad siempre se le atribuye a los asentamientos que están entre la ciudad y el río Tunuyán.

►Las armas. En las cercanías del destacamento, en un descampado, se encontró el cuchillo que usaron los ladrones y un aerosol de gas pimienta. ►Algunas pistas. El personal que investigaba el caso suponía que los dos delincuentes eran gente de la zona, que se habría refugiado en alguna de las casas que conforman el asentamiento Costacana.