¿Es joda? O porque no un ¡es imposible! Cualquier expresión le cabría a una situación tan ilógica como sorprendente y lo cierto es que por más intrigas que estén dando vueltas, difícilmente alguien pueda encontrar una respuesta satisfactoria.
Un joven porteño estuvo detenido por más de ocho horas por robarle a la azafata que lo atendió durante todo el viaje. Pero eso no fue todo. Cuando lo liberaron, lo primero que hizo al poner un pie en la vereda de la Comisaría fue hurtar una bicicleta.
El increíble episodio ocurrió el sábado y comenzó minutos antes de las nueve de la mañana.
Apenas el colectivo de la empresa La Unión arribó a la terminal de Alvear proveniente de Buenos Aires, el chofer marcó el 911 para denunciar el robo de $300 y el teléfono celular de la azafata que los acompañó en el viaje.
Por orden de la fiscal María Edith Borgna la policía comenzó a requisar uno por uno a los 19 pasajeros que estaban a bordo del interno 18 hasta que dieron con el joven de 18 años que ocultaba el iphone de la azafata y el dinero faltante.
De acuerdo a la información policial, el muchacho fue trasladado a la Comisaría 14 y le endilgaron el delito de hurto.
La historia ahí no acaba porque lo más sorprendente todavía estaba al caer.
Después de permanecer ocho horas y media en la seccional alvearense, la fiscal Borgna ordenó que la policía lo liberara.
Faltaban unos minutos para que el reloj marcara las cinco y media de la tarde cuando el joven volvió a pisar la vereda, y como si nada hubiese ocurrido el resto del día, no tuvo mejor idea que caminar unos pasos y hurtar una bicicleta de mujer y en la esquina de la comisaría.
Por supuesto, la mala acción no pasó desapercibida, un par de agentes lo captaron al instante y así como salió, lo volvieron a meter adentro de la seccional.
Esta vez le achacaron el delito de hurto agravado.



