El párroco Evilasio Pascual (69), de la iglesia de Castelmonte, en Godoy Cruz, fue sorprendido por 2 ladrones. Lo ataron de pies y manos y le robaron $15.000 en efectivo.

Asaltaron a un cura, se llevaron 15 mil y aseguró: “Rezo por ellos y los perdono porque no saben el daño que hacen"

Por UNO

Por Catherina Gibilaro

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“Rezo por ellos y los perdono porque no saben el daño que hacen no sólo a otras personas sino fundamentalmente a sí mismos”.

Con esta frase, el padre Evilasio Pascual (69), de la parroquia Virgen de Castelmonte en Godoy Cruz, se refirió al asalto del cual fue víctima el miércoles a la noche. Los delincuentes lo ataron de pies y manos y le robaron $15.000, una videocasetera, una luz de emergencia, su reloj pulsera y otros elementos, tras revolver el departamento que habita al lado de la parroquia de calle Perito Moreno casi Ceballos del departamento godoicruceño.

Con este son cuatro los asaltos donde las víctimas han sido sacerdotes del Gran Mendoza en el último tiempo.

El padre Pascual habla pausadamente y se lo ve sereno, aunque los momentos vividos distan mucho de serlo. Contó que el miércoles a las 19.30 regresaba a su departamento luego de haber ido a rezar un responso a una sala velatoria.

Llegó hasta la casa parroquial y “todo me parecía normal. Yo tengo una terracita –relató– y en un momento dado necesité asomarme a ella. Apenas abrí la puerta me llevé la sorpresa de que se me abalanzó un joven encapuchado y con guantes. Había otro que también tenía el rostro tapado y con un revólver. Casi me levantó en vilo y me metió adentro”.

Luego, siempre calmo, detalló que lo llevaron a una habitación que no era la suya y “allí me ataron de manos y pies. Y para que no viera lo que estaban haciendo y menos aún sus movimientos, me taparon la cabeza con una colcha. En ese instante grave adentro mío sentí como si me dijeran ‘quédese tranquilo que no le vamos a hacer nada’. Yo percibí eso en mi corazón. Luego los ruidos en todas las habitaciones me hicieron tomar conciencia de que estaban revolviendo todo. Escuché libros que caían y muebles que eran corridos de lugar. Tiraban todo al piso y fue así que encontraron el dinero y se apoderaron además de la videocasetera, la luz de emergencia y el reloj pulsera. Todo esto lo guardaron en un bolso que también me robaron y luego me pidieron el mazo de llaves ‘porque necesitamos la del garaje (ellos habían subido por la parte de atrás) porque tenemos que salir’. Yo les dije que no estaba bien lo que estaban haciendo en la casa de Dios, pero hicieron oídos sordos”.

Volvieron a mostrarme el mazo de llaves y me preguntaron cuál era la de la puerta. Yo les respondí: “Agarren el llavero que es un crucifijo, porque en estas condiciones y habiendo tantas llaves no la reconozco. Sin embargo ellos mismos habían logrado localizarla y se escaparon”.

Tuvo problemas para liberarse

Dado que el párroco estaba atado de pies y manos y en una cama con doble colchón, se le planteó de qué forma podía bajar y pedir ayuda sin “romperme el alma de un golpe y también los huesos. Entonces comencé a analizar las consecuencias y me costó un poco ver la mejor manera de no lastimarme. Pensé otra vez ¿y ahora cómo hago para bajarme? Decidí empezar a deslizarme despacito para no caer mal. Después apoyé los pies en el suelo y comencé a arrastrarme hasta las escaleras”. Sin embargo allí empezó el problema mayor: “¿Cómo hago ahora para bajar y pedir ayuda a un vecino?”, se preguntaba preocupado.

El padre Pascual respiró hondo y siguió contando: “Observé la situación y entonces opté por apoyarme en la baranda y bajar escalón por escalón, deslizándome muy despacio y como pude, finalmente, llegué hasta la puerta del garaje. Menos mal que la dejaron entreabierta y esto me posibilitó salir a la vereda. Despacio iba arrastrando los pies (recuerde que estaba atado) y así pude llegar hasta la casa de una vecina que aún estaba despierta. Ella asustada me abrió la puerta y al verme así me socorrió desatándome. Luego lo de siempre: la denuncia, la policía, etcétera. Usted ya sabe cómo es esto. Pero le reitero, lo mío ya fue pero ellos se están haciendo mucho daño y esto me preocupa porque presiento que son jóvenes y tienen toda una vida por delante. Pero de otra manera”, finalizó.

En esta parroquia se reunían las madres de desaparecidos

Corría el año 1976 durante la dictadura, cuando en Mendoza muchas madres iban pidiendo por el paradero de sus hijos desaparecidos

Fue precisamente en la parroquia de Castelmonte donde de a poco fueron conociéndose y compartiendo un dolor común. Ese era el único refugio que tenían para afrontar lo que a toda vista era el problema más grande de sus vidas.

Entre ellas estaba María Domínguez, quien desesperada buscaba a su hija. Hace unos días recuperó a su nieta, que estaba desaparecida.

La Virgen de Castelmonte sin duda fue el sostén a tanta desazón y angustia. Y así lo entendieron ya que no dejaban de encontrarse allí.

►"Hay cosas que no se pueden entender a pesar de los años que tengo. Y menos aún que se falte tanto el respeto incluso a un sacerdote” (un feligrés)

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Víctima. El padre Evilasio Pascual y un feligrés hablan con Diario UNO.
Víctima. El padre Evilasio Pascual y un feligrés hablan con Diario UNO.