Ambos fueron detenidos por la policía mendocina en 1990 y nunca más se supo de ellos. Dos testigos señalaron que los cadáveres habrían sido enterrados en la zona de una grieta en una quebrada de El Challao. Este lunes iniciarán la búsqueda.

Apareció una nueva pista en la investigación por la desaparición de Garrido y Baigorria

Por UNO

Una nueva pista revitalizó ayer la búsqueda de los cuerpos de los dos desaparecidos Adolfo Garrido(29) y Raúl Baigorria (31), quienes fueron detenidos por la policía mendocina en 1990 y nunca más

se supo de ellos. Dos testigos –tendrían alguna vinculación con la fuerza policial– aportaron a los

investigadores que los cadáveres habrían sido enterrados en la zona de una grieta en una quebrada

de El Challao. Esa versión motivó que la fiscal Claudia Ríos ordenara que mañana se comience con la

remoción de un tramo de hormigón que estaría tapando ese cauce natural.

Luego de varios años de seguir incontables datos falsos y de haber realizado varias

excavaciones infructuosas en distintas partes del piedemonte mendocino, desde que se produjo la

desaparición de las víctimas, el 28 de abril de 1990, nuevas versiones le aseguraron a la fiscal

Ríos que los cuerpos de los dos albañiles habían sido enterrados en una zanja natural ubicada cerca

del ingreso al cerro Arco.

Las declaraciones de los testigos, que en apariencia no tendrían vinculación entre sí y que

nunca habían sido citados en la causa, coincidían a la hora de marcar el lugar como una zona de la

quebrada, ubicada a unos 100 metros del Corredor del Oeste, en la ladera oeste de la ruta, casi

frente al boliche Scanner.

Al llegar al sitio junto con los testigos, la titular de Delitos Complejos realizó la

inspección ocular flanqueada por el intendente de Las Heras, Rubén Miranda, y hasta el mismo

ministro de Infraestructura, Francisco Pérez. Todos constataron allí que en el sector se había

construido una pared de contención, según aportaron los entendidos, luego del aluvión del año 2007.

Con ese dato, la fiscal solicitó el apoyo de la intendencia de Las Heras y del Ministerio de

Infraestructura para poder obtener la maquinara y los obreros que pudieran remover esos terrenos.

El permiso lo aportó el mismo ministro, ya que se trata de un cauce aluvional en donde tiene

jurisdicción la Dirección de Hidráulica.

Según aseguraron los testigos en sus declaraciones del viernes pasado, por comentarios

supieron que alguien que habría estado vinculado a la desaparición de ambos hombres habría contado

que los cuerpos de los dos desaparecidos estaban enterrados en un tramo de la zanja que más tarde

fue cubierto con una mezcla de piedras y hormigón. "El piso de ese sector cuenta con un tapado

clandestino de hormigón que no es residual de la obra realizada por Hidráulica, lo que en principio

da lugar a la sospecha. Además hay que tener en cuenta que por primera vez los testigos han marcado

la ladera oeste a la ruta, ya que todas las excavaciones anteriores se realizaron en el costado

este. La hipótesis que dejan estos testigos merece la oportunidad de ser constatada", lanzó ayer el

abogado Alejandro Acosta, querellante particular en la causa.

En la tarde de ayer la fiscal Ríos y personal policial abocado desde febrero pasado a la

investigación del hecho recorrieron la zona con el ingeniero José Papalardo, a cargo de la

Dirección de Hidráulica del Ministerio de Infraestructura, y del ingeniero proyectista David

Cangliosi. Esos especialistas fueron quienes estudiaron la conformación de esa grieta natural para

poder iniciar el trabajo de remoción del complejo terreno.

Es que en el sector marcado, el paso del agua ha erosionado parte de una pared de contención

formando una especie de cueva que parece derrumbarse en cualquier momento.

En consecuencia los obreros deberán tirar esos restos del muro de contención para luego

levantar el hormigón del piso de ese cauce y llegar así hasta la zanja natural en donde se

hallarían los cadáveres.

Para conseguir ese propósito y confirmar o desechar los dichos de los testigos, los obreros

deberán trabajar al menos dos semanas utilizando retroexcavadoras, topadoras y martillos

neumáticos.