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Análisis y opinión

El otro virus, o cómo corroer lentamente la división de poderes

Preocupa la lenta pero constante erosión al concepto republicano de la división de poderes, una de las bases de la democracia liberal, forjada desde hace tres siglos

La división de poderes le sienta para el traste a las autocracias. Pero no sólo a ellas. La división de poderes molesta más de lo que se cree. Y eso se da incluso entre políticos que dicen respetar la democracia liberal y republicana. El ataque a la división de poderes es hoy otro de los virus que amenaza a las naciones que pregonan la defensa del espíritu republicano y de los derechos cívicos.

La exacerbación del rol del Poder Ejecutivo en detrimento de los otros dos, el Judicial y el Legislativo, incluye en estos últimos tiempos despropósitos que van desde un presidente derechista como Donald Trump que intentó exigir a las instancias judiciales la anulación los resultados de las elecciones que él perdió con Joe Biden, hasta un izquierdista como López Obrador en México que todos días -sí, todos las mañanas- se dirige al país para despotricar contra todos aquellos que no están a favor de él, sean jueces, opositores o periodistas y medios.

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Hay mucho avasallamiento presidencial sobre legisladores y magistrados, pero también hay muchas veces una clara defección y hasta cobardía en los poderes Legislativo y Judicial para equilibrar las cosas.

Y en cuanto a lo que antes se llamaba el cuarto poder, y que no es más que un necesario contrapoder que sabiamente fijan las constituciones liberales, hay que decir también que la prensa necesita reafirmar su rol social en relación con la política y otros poderes fácticos, sobre todo su independencia y su honestidad intelectual, basadas en una regla de oro: en democracia el poder esencial no es de los gobernantes sino de la gente. Pensar y decir lo que queremos y controlar el poder son grandes conquistas de la civilización en los últimos tres siglos.

Cumbre en Madrid

Un encuentro de la Asociación Mundial de Juristas acaba de reafirmar en Madrid que si no está garantizada la independencia del Poder Judicial, se desmorona uno de los pilares que sostiene la democracia. De la reunión participaron referentes de la Justicia de numerosas naciones americanas y europeas.

Ocurre que, por un lado, ya han pasado de castaño a oscuro las presiones contra los jueces por parte de la corporación política que busca que los magistrados emitan fallos de determinada manera y no de acuerdo a derecho. Y, por otro lado, existe la predisposición de algunos fiscales y jueces a dejarse presionar por miedo, o interés económico u otras conveniencias extrajudiciales.

Así, en este merengue terminan mezcladas la politización de la Justicia y las corruptelas, mientras los ciudadanos asisten impotentes ante dichos espectáculos.

En esa reunión madrileña no sólo se advirtió de las presiones políticas, sino también de las provenientes "de los poderes económicos, fácticos y mediáticos" para con los jueces. El presidente de la Corte de Finlandia recalcó que "la independencia de los jueces no sólo es condición indispensable para garantizar el estado de derecho sino que además es una salvaguarda constitucional imprescindible para garantizar los derechos humanos".

Diestra y siniestra

Tanto por derecha como por izquierda, se está tratando de someter a la Justicia al poder político (más de la cuenta). Y hay coincidencias en que en varios países la política ha tratado de usar la excepcionalidad de la pandemia para avanzar contra el Estado de Derecho.

En nuestro país el ejemplo más extremo ha sido lo vivido en la provincia de Formosa donde el gobernador Gildo Insfrán (PJ), que lleva más de 25 años en el poder, ha ordenado desatinados confinamientos y detenciones de ciudadanos que han generado terror. Los otros poderes, cooptados por Insfran, recién se dieron por enterados cuando esos desaguisados explotaron en la prensa nacional.

En la Unión Europea, y en tren de tomar medidas concretas, se acaba de anunciar que suspenderán las subvenciones a países miembros que violen la independencia judicial, como está ocurriendo en algunas naciones como Hungría y Polonia donde el populismo de derecha parece estar desbocado.

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Pepín Rodríguez Simón, el más conocido operador judicial de Macri.

Pepín Rodríguez Simón, el más conocido operador judicial de Macri.

El dicho y el hecho

"Nunca más se presionará a los jueces en la Argentina", prometió Mauricio Macri cuando fue electo presidente en 2015. No cumplió. Tuvo su "mesa judicial" con sus operadores específicos en los tribunales, trabajando entre las sombras. Y también su "mesa periodística".

Está claro que Macri no llegó a los extremos de Néstor y Cristina Kirchner que en sus tres gobiernos transformaron esa forma de presión a la justicia y a los medios independientes en una especialidad "nacional y popular". Esas "mesas" de los K hicieron maestrías en intimidaciones, "carpetezos", visitas de la AFIP y en operaciones de espionaje de los servicios de inteligencia.

Si con operadores en la sombra, los Kirchner obligaron a Daniel Hadad a vender C5N y Radio 10 al empresario Cristóbal López, también una mesa periodística de Macri intentó que López le vendiera luego esos medios a unos amigos del entonces líder del PRO.

El progresismo viene estando ausente en esta discusión sobre los ataques a la división de poderes y a la vulneración de derechos fundamentales durante la pandemia, como pasó con el derecho a la educación presencial, discusión en la que guardaron un preocupante silencio.