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Ezequiel Treister (32) descubrió que los agujeros negros jóvenes crecieron con mayor rapidez de lo que se pensaba hasta el momento. Su investigación fue publicada esta semana en la revista Nature. 

Un científico argentino lideró un importante hallazgo sobre los orígenes del universo

Un científico argentino de 32 años encabezó una investigación en la NASA y realizó un importante hallazgo espacial.

Se trata de Ezequiel Treister, quien descubrió que los agujeros negros jóvenes crecieron con mayor rapidez de lo que se pensaba hasta el momento, a la par de que el crecimiento en las galaxias que los albergan.

Señales de agujeros negros gigantes que ingerían gas desde los orígenes del universo mostrarían que esos glotones del cosmos crecieron al mismo tiempo que sus galaxias desde el inicio de los tiempos, según revela el estudio.

"Hasta ahora, no teníamos idea del papel de los agujeros negros en estas primeras galaxias, o si existían", señaló Treister, quien se desempeña en la Universidad de Hawai y es el autor principal de un estudio que publica esta semana la revista Nature. "Ahora sabemos que están allí, y están creciendo frenéticamente", señaló el científico.

Las observaciones mostraron que entre el 30 y el 100 por ciento de las galaxias distantes contienen un agujero negro creciente. Extrapolando estos resultados a observaciones más pequeñas del cielo raso, se calcula que hay por lo menos 30 millones de agujeros negros en el Universo temprano.

En los lejanos quasares, luminosos núcleos activos de galaxias, los astrónomos ya habían descubierto agujeros negros de más de mil millones de masas solares, que habrían existido menos de mil millones de años después del Big Bang.

Los autores del nuevo estudio, que apareció en la revista científica británica Nature, estudiaron una muestra más amplia de agujeros negros que se supone están en el centro de unas 200 galaxias muy lejanas detectadas por el telescopio espacial Hubble.

Estas galaxias al parecer existieron de 700 a 950 millones de años después del Big Bang. Por lo tanto, su luz habría viajado cerca de 13.000 millones de años en el cosmos antes de ser captada por el Telescopio Espacial Hubble.

¿Cómo detectar agujeros negros a tales distancias en el tiempo y en el espacio? Los gases y los polvos se arremolinan a gran velocidad antes de ser devorados por esos ogros del espacio, emitiendo rayos X. Gracias a esos registros el equipo logró detectar las ínfimas radiaciones -unos pocos fotones X de alta energía por galaxia-, que franquearon tales distancias.

Tras haber adicionado y ampliado las radiaciones de los agujeros negros de unas 200 galaxias estudiadas, el equipo de Treister cree que "los agujeros negros han crecido junto con las galaxias que los han albergado a lo largo de toda la historia del cosmos".

Concluyen que esos agujeros negros -ocultos por la gran cantidad de gases y polvo que absorbían la mayor parte de las radiaciones, salvo los rayos X-, "crecieron significativamente más rápido" durante los primeros tiempos de lo que se creía hasta ahora.

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