Lionel Biasutti tiene 26 años y permanece internado tras ser agredido por no pagar para que le cuidaran el auto. En el país se extienden estas redes de extorsión y chantaje que obligan a los ciudadanos a ceder frente a la impunidad.

Ojo con hacerse el poco aleccionado frente a los cuidacoches

Lionel Biasutti vive en Buenos Aires y en las últimas horas el video que protagoniza se ha reproducido decenas de veces en canales de TV, sitios web de noticias y redes sociales. En las imágenes tomadas por una cámara de seguridad se ve el momento en que recibe una trompada en la mandíbula, tras negarse a pagar para dejar su auto en la calle.

Lionel tiene 26 años y la noche del sábado 16 de este mes salió a cenar con amigos. Lo que no imaginó fue que 10 días después iba a permanecer en un hospital, alimentándose a base de dieta líquida.

Su agresor fue lo que en Argentina se conoce como "trapito" o "cuidacoche".

No del que se acerca "de onda" cuando uno estaciona y de buena manera se ofrece a "cuidarlo" hasta que usted vuelva.

No del menor de edad que sale a ganarse el día porque en la casa lo que entra no alcanza.

No del trabajador informal que se ve obligado a hacer horas extras, uno ya conoce y hasta le deja las llaves para que de paso le lave el vehículo.

Se trató -claro está- del tipo "pesado" que de manera amenazante fija la tarifa que a él o a su jefe le cierra, exige la paga "por adelantado", y desaparece en un abrir y cerrar de ojos en busca de nuevos clientes.

Se trató del mafioso que hace negocios con la fuerzas de seguridad -sean policías o preventores municipales- para operar tranquilo en un tramo predeterminado de la ciudad, como si les perteneciera.

Se trató del que si hace falta expulsa a su "competencia" a los golpes. Y si la cosa se pone más fea, a los tiros.

Se trató del que pertenece a una de las tantas redes de extorsión y chantaje que se han expandido por el país, con total impunidad.

Por un lado están las mafias vip, que son las que se quedan con el manejo de los alrededores de los partidos de fútbol de las altas categorías, los shows de los artistas internacionales o las zonas gastronómicas o de boliches más concurridas.

Por otro, existen las que podríamos denominar "minibandas" o "bandas de cabojate", cuyos miembros te torean al ingreso de un acto escolar, en reuniones religiosas tipo la Comunión, o en obras montadas con muchísimo esfuerzo y dedicación por artistas locales.

No importa la índole. Cualquier argentino que llega en auto o moto a un evento masivo y se encuentra con estos personajes termina siendo una víctima.

Sea que lo haga en una flamante 4x4, en un modelo destartalado o en uno de clase media.

Quien intente cuadrar este análisis en una pelea de ricos contra pobres es, a mi juicio, un romántico. O un tendencioso.

Los estados provinciales o departamentales han buscado diferentes estrategias para ponerle fin -sin mucho éxito- a ese ciclo que termina casi siempre de la misma manera: con el ciudadano asustado pagando para que no le pase nada ni a su bien, es decir, al vehículo; ni a su persona, familia o eventuales acompañantes.

¡Y ojo con hacerse el poco aleccionado! No vaya a ser cosa que por rebelde termine corriendo una suerte parecida a la de Lionel, quien por estas horas está a la espera de una operación en la cual le pondrán una prótesis que le permitirá masticar y cuya recuperación, se estima, le costará al menos otros 40 días de internación.

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