País Miércoles, 28 de febrero de 2018

Luciano Benjamín Menéndez, un psicópata que perdió la noción de lo permitido

Fue el responsable principal del terrorismo de Estado en muchas provincias, incluida Mendoza.

El Chacal. En 1984, aún en libertad, intentó apuñalar a un grupo de Madres de Plaza de Mayo.

Amo y señor de vidas y haciendas, la figura criminal del general Luciano Benjamín Menéndez irradió desde el centro del país el proyecto represivo de la dictadura militar, en un plan siniestro de exterminio que acompañó, entre otros ámbitos, la derecha de la iglesia Católica con miles de muertes y desapariciones, no sólo en las organizaciones guerrilleras, sino además en los sectores obreros y estudiantiles.

La imagen del hoy fallecido genocida Menéndez es no sólo la del represor burócrata y de escritorio como lo fue Jorge Videla, sino la del ejecutor con mano propia. Según varios de los testimonios de los pocos sobrevivientes, el Chacal llegaba a arrancarles de la mano a los suboficiales temerosos de una ejecución y disparar él a la cabeza de las víctimas.

Fue en esos actos que su imagen rememora al líder de las SS hitlerianas Heinrich Himmler, quien antes de las cámaras de gases disparaba en persona a las víctimas del Holocausto, en los bordes de las fosas comunes. Varias de ellas fueron encontradas en los alrededores de La Perla, en Córdoba.

En los albores de la democracia, y tras haber permanecido prófugo fue evidente que Menéndez había perdido la noción de lo permitido, y su personalidad de psicópata lo mostró en un invierno de 1984, a la salida de su participación en el programa Tiempo nuevo, que conducía Bernardo Neustadt, empuñando su charasca de paracaidista, detenido a tiempo cuando atacaba a un grupo de Madres de Plaza de Mayo, familiares y miembros de las juventudes políticas que lo señalaban por su crímenes.

Tal fue el poder represivo que concentró Menéndez desde el Tercer Cuerpo de Ejército que sumadas todas las provincias de las zonas y subzonas en que los militares habían dividido el país, su superficie era superior a la mitad del territorio argentino, incluida Tucumán, donde se había desarrollado el Operativo Independencia durante el gobierno de Isabel Perón y el ERP había planteado la guerra de guerrillas.

Si bien Menéndez es la figura indiscutible y emblemática, la represión que encabezó no fue obra propia, ya que se había gestado desde sectores de la extrema derecha del Ejército en Córdoba y tenía como mentores al general Acdel Edgardo Vilas y a quien años después emergería en las asonadas militares, el coronel Mohamed Alí Seineldín.

Hasta allí los vasos comunicantes en el Ejército, con un común denominador: "Tradición, Familia y Propiedad", "Falange de Fe", sectores de la ultraderecha de inspiración fascista y el encubrimiento cómplice del Episcopado cordobés con monseñor Antonio Plaza a la cabeza.

Fue allí donde Menéndez se hizo fuerte. Por los campos de concentración como La Perla, donde se secuestraba, torturaba y asesinaba a las víctimas pasaron miles de personas. Sólo en ese centro clandestino llegaron a alojarse entre 2.000 y 2.500 detenidos-desaparecidos.

Además de La Perla, también fueron denunciados los CCD de La Ribera, el Departamento de Inteligencia de la Policía de Córdoba D2, la Brigada de Investigaciones y el convento de monjas convertido en Cárcel de Mujeres del Buen Pastor, de donde fueron retiradas decenas de detenidas, luego asesinadas por orden de Menéndez.

La última sentencia, dictada en Mendoza, fue por crímenes en San Rafael.

La llamada Logia Integrista de la cual formó parte el ahora fallecido ex militar tuvo un pacto de sangre y si bien tuvo varias cabezas visibles, condenados varios de ellos en los juicios por los crímenes cometidos en la dictadura, la imagen de Menéndez, sentenciado en 13 oportunidades a prisión perpetua, permanecerá ligada al fanatismo genocida, nutrido desde las primeras décadas del siglo XX con el fascismo, las cruzadas anticomunistas, y las nuevas-viejas formas represivas de la CIA y los instructores franceses de la Guerra de Argelia.

Anciano, de 90 años su presencia en los juicios a los que fue sometido seguirá siendo la imagen del terror que siempre pretendió dar, como si ese fuese el último resorte de poder que creía tener, cuando en realidad lo eran las confesiones que se lleva a la tumba.

Fue el responsable principal del terrorismo de Estado en muchas provincias, incluida Mendoza.

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