Lucio A. [email protected]
Enrique Omar Sívori fue un jugador magnífico. Nacido en San Nicolás, pasó por River, jugó en las selecciones de Argentina y de Italia y brilló en Juventus y Nápoli. En 1962 fue premiado con el Bal
El gambeteador de las medias bajas
L as medias bajas eran un símbolo de un jugador sin pudores, sin las canilleras para protegerse de los golpes.
Era chiquito, muy hábil y las gambetas en su San Nicolás natal lo llevaron hasta el poderoso River Plate, a donde llegó para jugar en la cuarta división. El jopo que se revolvía y le quedaba el cabello desordenado se sumaba a los tironeos de camiseta que recibía para armar el modelo de un jugador rebelde. Eso sí, muy guapo para recibir golpes y seguir. En abril de 1954, el talento lo llevó a la primera de los Millonarios, entr ó contra Lanús remplazando al gran Ángel Labruna y convirtió el último en la goleada 5 a 2. Tenía 17 años.Fue campeón con River Plate en 1955, repitió en 1956 y alcanzó a jugar un partido en el título de 1957 porque fue vendido a Juventus de Italia. La cifra de $10 millones era altísima para la época. Con ese dinero River cerró la Herradura que componía el Monumental porque no tenía la tribuna que da al Río de La Plata. La parte de arriba la construyó recién para el Mundial de 1978. Antes de su venta, Sívori integró el seleccionado argentino que ganó la Copa América 1957 en Lima. Se armó una delantera con Antonio Angelillo (Boca), Humberto Maschio (Racing) y Sívori, que rondaban los 20 años, y se completó con Oreste Corbatta (Racing) y Osvaldo Cruz (Independiente). Argentina le ganó 3 a 0 a Brasil y se aseguró el título, aunque en la última fecha cayó ante Perú. Sívori fue el mejor jugador.Jugó contra Rosario Central el 5 de mayo del ’57 y se fue a Juventus, mientras que Angelillo partió a Inter de Milán y Maschio, a Bologna. Su estilo continuó sin modificarse en Italia, donde los hinchas de Juventus se quemaban las manos aplaudiendo el juego, las gambetas, los amagues y la habilidad que regalaba Enrique en cada partido.Fue campeón de la Liga Italiana en las temporadas 57/58, 59/60 y 60/61 además de conseguir dos copas Italia en 1959 y 1960. Fue el máximo goleador del torneo en 1960, con 27 tantos, y al año siguiente marcó 25. Uno de los mejores premios que recibió fue el Balón de Oro como el mejor futbolista europeo en 1961. Esos tenían mucho más valor porque era el tiempo de Alfredo Di Stéfano en Real Madrid, al que enfrentó varias veces. La doble nacionalidad y las reglas de la FIFA en esos tiempos le permitieron jugar para Italia entre el ’61 y el ’62. Estuvo 9 partidos y convirtió 8 goles. Jugó el Mundial de Chile 1962 para la Azzurra junto con Maschio. Los técnicos del seleccionado argentino no lo llamaron ni para el torneo de 1958 ni para el de 1962. Tampoco lo hicieron con Di Stéfano que brillaba en España y jugó para la camiseta roja.En 1965, pasó a Nápoli, donde jugó los últimos 4 años de su carrera. En 1968 alcanzó el subcampeonato por primera vez en la historia del club del Sur de Italia. Los napolitanos lo tienen como a uno de los mayores ídolos y cuando hablan de Maradona (el mayor ídolo) surgen muchas veces las comparaciones con las piruetas que hacía el Cabezón Sívori. Los historiadores y los centros de estadísticas lo destacan entre los mejores, como el lugar 16º que tiene entre los mejores sudamericanos de la historia o en la selecta lista de los mejores 50 del mundo. Se convirtió en director técnico y estuvo al frente de Rosario Central, River, Estudiantes, Racing Club y Vélez Sarsfield. Uno de sus mejores capítulos como entrenador fue en la Selección argentina porque la dirigió en las Eliminatorias de 1973 para el Mundial de Alemania ’74. El Cabezón después trabajó para algunos clubes italianos aconsejando jugadores para comprar. El 17 de febrero de 2005, a los 69 años, falleció Sívori. Había elegido el lugar de nacimiento para despedirse de los vivos. Fue en San Nicolás, de donde salió a triunfar en el mundo y donde sus restos descansan.



