Por Marcelo Schmitt
Antonio Araujo ya tiene 65 años sobre el lomo y más de 40 alrededor de un ring de boxeo donde formó púgiles, entrenó a los amateurs y sacó a muchos chicos de la calle.
En su gimnasio, ubicado durante muchos años en calle Emilio Civit y ahora en los fondos de su casa en avenida El Libertador 2450, se entrenaron cientos de sanrafaelinos. Algunos combatieron a nivel profesional, otros como amateurs, su hijo Antonio, y el resto sólo aprendió el arte de pegar y dejarse pegar. Pero lo más destacado es que a todos les inculcó su hombría de bien, su honestidad y las ganas de crecer en este deporte que para Antonio es la razón de su vida.
"A veces me levanto de noche y me voy al gimnasio, prendo las luces y miro el ring", dijo en una entrevista que le concedió a Bonita Mañana.
Allí, por la pantalla del Seis, recordó sus pocos años como boxeador y su vasta trayectoria como formador. "Sé que a veces le quité tiempo a mi familia, por eso les pido perdón", agregó el "maestro", y dijo que "fueron muchos años en este deporte que amo".
Lo cierto es que la entrevista tuvo un costado muy emocional. Es que durante la misma aparecieron videos de familiares y de amigos, aquellos que Antonio entrenó.
Su hijo Antonio y sus nietos le dejaron un saludo que lo emocionó hasta las lágrimas. También el dirigente político Juan Pablo Eraso y el juez Dardo Fernández filmaron un video y le agradecieron por tantos años de pasión y entrenamiento.
Antonio nunca imaginó que la entrevista fue una excusa para homenajearlo, para que escuchara lo que parte de su familia y sus amigos a los que entrenó pensaban de él. Agradecido y emocionado, a punto de quebrarse, el maestro, con humildad, sólo atinó a decir "gracias".
Sobre las paredes del gimnasio cientos de fotos recrean toda una vida dedicada a este deporte. Una de las más importantes es la que está junto a Carlos Monzón quien fue, quizás, el campeón más importante que tuvo la Argentina.
A Antonio le gustó su vida, y como todos tuvo éxitos y traspiés, pero lo que nunca se olvidará es su hombría de bien, su honestidad y el amor por el deporte de los puños.
Aprender talabartería
Antonio siempre piensa en mejorar y ahora quiere hacer un taller de talabartería para aprender el oficio y fabricarse sus propios guantes. Además buscará mejorar las bolsas y las peritas que se usan para entrenamiento.
