Marista le dio color a la final. Dándole rienda suelta a un festejo anhelado, los Curas ganaron el duelo de hinchadas. Los referentes del campeón destacaron la experiencia adquirida y la entrega del plantel.

El festejo fue una experiencia religiosa

 

En la mente de los simpatizantes   de Marista no cabía otra idea que la de festejar en  cancha del Mendoza RC frente al clásico rival y en la  gran final del Top 8 Cuyano. El máximo torneo de la región siempre los  tiene como protagonistas, pero hacía  cuatro años que la celebración no llegaba, y allá fueron los fanáticos, luciendo disfraces clericales y hasta quizás se excedieron con la pirotecnia, pero todo sirvió para empujar a los dirigidos por Juan Sánchez y Juan Roccuzzo hasta alzar la copa.

Todo plantel exitoso tiene a sus referentes, esos que por naturaleza y  talento se cargan muchas veces el equipo al hombro y lo llevan adelante.

También son los más buscados a  la hora de festejar, porque gran parte del logro les pertenece. En ese rol Daniel Rocuzzo, Panchito Diez y el  Papu Sánchez fueron los autores de  los 20 puntos de la final.

Mientras daban rienda suelta a su  felicidad, por un instante dejaron los abrazos y tuvieron expresiones y  reflexiones: “Esto no es una revancha”,  dijo un Patricio Sánchez exultante pero aún así reflexivo respecto al festejo postergado por varias temporadas,

incluida la pasada, donde cayó en la final contra Los Tordos.

“Esto es lo que teníamos que hacer. Somos el mejor club de los últimos diez años y nos merecíamos este festejo”, declaró el Papu.

Otro que en la cancha demostró  toda su experiencia e inteligencia (además de meter un drop en un momento  clave), fue el apertura Francisco  Diez, que dijo: “Se jugó con la  cabeza. Gracias a Dios aprendimos de los errores de años anteriores y lo

aplicamos en la cancha. Fuimos fieles  al sistema que planteamos y por  eso se nos dieron las cosas”, cerró un Panchito con lágrimas en los ojos.