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Candela Strappazzon, de 14 años, es una gran jugadora de handball de la Muni de Maipú. Vivió un momento muy duro hace algunos años.

Candelita le hace frente a los golpes de la vida como una campeona

Su mamá, Verónica Martínez, fue una gran central de la primera de handball de la Municipalidad de Maipú, aunque en los últimos tiempos entraba a defender, a "romper" los ataques rivales. Al costado de la cancha, durante los partidos de las cruzadas, estaba ella, Candela Strappazzon, viendo jugar a su mamá en los brazos de alguna jugadora o el mismo técnico, sin entender mucho el juego, pero sí ya respirando balonmano. Pasó el tiempo y Candelita se sumó a las canteras de la Muni cuando apenas tenía cuatro años. Era el comienzo de una historia feliz, pero que, luego de algunos años aprendiendo y empapándose de este lindo deporte, tuvo un giro inesperado. La peor noticia llegó cuando ella transitaba los ocho.

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En la tarde del 10 de julio del 2002, la estudiante del IMEI se encontraba en la calle divirtiéndose. "Tenía 8 años cuando paso todo. Ella (su mamá Verónica) estaba de viaje y justo la noche en la que ella llegaba, yo tenía mi primer encuentro nacional..Estaba en la calle jugando a la pelota con mis primos y de la nada llegó mi papá (Diego), cosa que pareció raro porque él estaba trabajando. Me pidió un minuto para hablar en una habitación y me contó todo lo que pasó. No quería creerlo, no lo quería aceptar. Fue como que de la nada se me caía el mundo encima, me había enterado de algo que nunca pensé que me iba a pasar tan de golpe", relató Candela. Verónica regresaba junto a su hijo Matías, hermano de Candela, de un torneo de fútbol de la ciudad de Embalse, Córdoba. Habían ido a disputar un campeonato con una delegación del club Gutiérrez Sport Club. Por desgracia, quien era jugadora se la Muni de Maipú, perdió la vida al volcar el auto en el que se trasladaban, a la altura de La Paz. Matías, que hoy tiene 18 y juega en la cuarta división del Cele, se salvó de milagro. "Desde peque veía a mi mamá jugar y bueno, yo quería ser como ella. Para mi era la mejor defensora que hubo en ese tiempo, era nerviosa igual que yo", contó Cande.

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La intrépida jugadora hoy recorre los 14, es armadora (prefiere hacerlo en el centro) y se consagró hace algunos meses campeona nacional con el seleccionado mendocino de menores en Embalse, venciendo nada más ni nada menos que a Buenos Aires en la definición. "Siento que le estoy dando lo que ella quería de mí", afirmó.

"Yo la tenía en brazos" "Es como una hija. Yo la tenía en brazos", confesó Gustavo Latuf, uno de los dos entrenadores que ha tenido la pequeña Strappazzon (el otro es Dante Ortega). "La vi crecer", agregó. "Me quedé mudo cuando sucedió el accidente. Me costó mucho volver al poli (Ribosqui). Las demás jugadoras querían sacar la camiseta número 14 en honor a Verónica, pero les dije que no, que ella estaba entre nosotros. En las mangas de todas las camisetas le bordamos el 14", recordó el Gallo.

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"Candela, que usa la 14, no tiene límites dentro de la cancha y tiene gestos de una jugadora de primera", finalizó.

Sin dudas, la central que la está rompiendo entre las menores de Maipú tuvo que superar una de las batallas más duras que la vida le puso adelante. Todo un ejemplo de superación junto al handball, su otro gran amor.

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