Revelación del 2015. Con sólo 21 años, Luciana Molina fue plata en los Panamericanos con Las Leonas, la rompió en Marista y en el sub 21 local campeón argentino. Además, se llevó el Premio Ovación de

Un talento bañado en oro

Por UNO

Juan Pablo Garcí[email protected]

Hay una frase hecha en el mundo del deporte que en este caso solo sirve para describir una realidad. “Juega como en el patio de su casa” dicen cuando se trata de esos deportistas talentosos que se desempeñan con total naturalidad dentro de la cancha. Lo cierto es que para Luciana Molina la cancha de Marista y el patio de su casa son una misma cosa.

Desde hace 29 años, poco después de que el club tricolor se instalara en la Carrodilla (antes era en la Villa Marista de El Challao) los Molina viven allí, sobre calle Terrada, y hace 21 años que Luciana, la más chica de 4 hermanos, tiene la cancha a unos pocos pasos de su hogar. La ganadora del Ovación de Oro 2015 toma el hecho de haber crecido en el club como una ventaja: “Cuando estaba aburrida en casa agarraba el palo y la bocha”, cuenta quien desde muy chiquita se puso la camiseta blanca, roja y azul: “Empecé a jugar a los 4 años pero mi mamá (Silvia) me dice que desde que nací andaba detrás de mis hermanas (Valeria y Lourdes) para intentar hacer todos lo que ellas hacían”.

Valeria, diez años mayor, fue capitana de la primera de las Curitas y jugó hasta el año pasado; Lourdes también jugó al hockey en Marista y su hermano Lucas fue futbolista, como papá Rodolfo, quien actuó en Independiente Rivadavia y es sobrino del Puma Molina. De ellos y con el apoyo permanente de mamá Silvia, Luciana heredó la pasión por los deportes: “Veo mucho hockey por supuesto y aunque nunca pensé en jugar a otra cosa también me gusta mucho el handball. Por supuesto también me encanta el fútbol, aunque en casa mi papá y yo somos de Boca y los demás son todos de River”.

Como la entrevista es en Marista, su casa, cada persona que pasa tiene un saludo afectuoso o de admiración para darle. “Es muy lindo. Las más chiquitas siempre se acercan a saludarme” cuenta quien se reconoce como una futura entrenadora: “Entrené a las más chicas durante 5 años y me encanta pero ahora con los viajes no puedo. Igual cuando estoy acá siempre ayudo en alguna división”.

La ganadora de la medalla de plata en los últimos Juegos Panamericanos de Toronto se identifica con esas niñas que hoy la tienen como ídola: “Yo era igual. Siempre iba a ver a la primera por que jugaba mi hermana y muchas jugadoras que fueron referentes para nosotras como Mariu Losada, María Navesi y Flor Zardain, con quien después tuve la oportunidad de jugar. En el club nos inculcan desde chicas un gran sentido de pertenencia y eso se va transmitiendo”.

Aquella niña que tuvo formadores como “Alicia Zavala y Carolina Setién, que me enseñaron desde como agarrar el palo, y todos mis entrenadores en inferiores. En realidad siempre aprendo algo de cada entrenador” debutó en primera a los 16 años: “Fue contra Andino, en el estadio de Godoy Cruz. Había jugado en mi división y me hicieron quedar en el banco. Para mi llegar a jugar en la primera era lo máximo”.

Jugar en el equipo superior del club para Luciana significó además compartir la cancha con su hermana mayor, Valeria: “Siempre nos llevamos muy bien. A veces, muy pocas, me retaba pero como ella es defensora la tenía lejos. Ella sigue siendo una de las personas que siempre me bancan y que también me critican después de los partidos. Mi hermano también, va siempre y después comentamos lo que el ve”.

Marista es uno de los equipos más importantes de la provincia y el país, aunque en este 2015 le tocó perder las tres finales de los tres torneos que disputó: Apertura, Clausura y Liga Nacional A.“No sé si hay un motivo por el cual nos tocó perder varias finales. Este año hemos jugado partidos muy buenos y el grupo humano que tenemos es espectacular. Quizás nos faltó un poquito de suerte y también hay que reconocer que los rivales juegan bien. Lo positivo es que siempre hemos sabido levantarnos de cada derrota para ir por más”.

La mayor parte del año Luciana pasa de lunes a viernes en Buenos Aires, entrenando con Las Leonas, y cuando no tiene que hacerlo disfruta de “estar en mi casa, dormir un poco más, estar con mi familia, con mi perra (Lola) y acá en el club. Lo más duro de todo esto es armar el bolso los domingos”. En Buenos Aires, la vida es bastante rutinaria: “Entrenamos mucho y además no siempre tenemos los mismos horarios. Con las chicas del interior, que no somos muchas, vivimos en un hotel y este año traté de hacer un curso de inglés en los momentos libres como para despejarme un poco, por que estando de lunes a viernes allá ir a la facultad se hace imposible. En ese sentido las chicas de Buenos Aires tienen una ventaja por que ellas después de entrenar se van a su casa o a la facultad. Es como que no estamos en las mismas condiciones que las chicas de allá pero bueno, hay que bancarselá”.

De todos modos, destacó el buen nivel de hockey que existe en nuestra provincia: “Acá el nivel de juego es muy bueno, cada vez hay más cantidad de chicas que juegan y muchas de ellas tienen nivel para estar en seleccionados nacionales. Ahora en el junior están Delfina Thomé y Priscila Jardel, que tienen un futuro impresionante”.

Justo esta semana es de las pocas en las que la talentosa jugadora de Marista se pudo tomar un descanso: “El sábado pasado terminamos el torneo y esta semana me la tomé de vacaciones, pero ya el lunes (por mañana) arranco a entrenarme de nuevo por mi cuenta. No me gusta parar muchos días por que después arrancar de nuevo con los entrenamientos me cuesta mucho. Por otro lado me gusta entrenarme”.

Jugar en Buenos Aires es una posibilidad que Molina analiza respecto a su futuro cercano, como también hacer una experiencia en el exterior: “Allá la competencia es mucho mayor y además podés tener una vida más organizada, sino con los viajes se hace muy difícil”. Respecto de ir a jugar a otro país, Luciana destacó: “Tuve propuestas pero hoy si me fuera perdería chances de estar en Las Leonas. Es algo que me gustaría hacer en algún momento, por la experiencia”. En cuanto a los países que pudo conocer con el hockey comentó: “Hice varios viajes, me gustó mucho Canadá, que fui dos veces, y también me encantó Nueva Zelanda”.

Como deportista de elite, Lu (así la llaman sus amigas) tiene una ayuda económica: “Cobro mensualmente una beca del Enard y de la Secretaría de Deportes. También hay una marca de palos (Malik) y otra de ropa (Pitu) que me ayudan con todo lo que es indumentaria. También la Confederación nos paga todos los viajes y el hotel. Cuando estamos en Buenos Aires solo tenemos que pagarnos el transporte y algunas comidas”.

Una de las personas que se acercó a saludarla durante la charla es nada menos que Silvina D’Elía, otra Leona formada en Marista que sirvió de apoyo para que Luciana haga sus primeros pasos en el seleccionado nacional: “El apoyo de Piti y Maca Rodríguez fue importantísimo. Me ayudaron mucho, me aconsejaron y me abrieron las puertas de sus casas en Buenos Aires. No es fácil meterse en un grupo que ya estaba armado y me sirvió mucho tener al lado alguien que me conocía. Ahora hay más chicas con las que nos conocemos desde la época del junior y hasta algunas más chicas”.

Llegar a Las Leonas o Las Leoncitas no es nada fácil: “Mi primer convocatoria fue a los 14 años. No entendía nada. Fuimos a Salta y después a Buenos Aires con varias chicas de acá que eran uno o dos años más grandes y la verdad es que lo sufrí bastante hasta que me fui acostumbrando”. Su primer contacto con el seleccionado mayor fue aún siendo parte del junior: “Nosotras entrenábamos con las Leoncitas a las 10 y Las Leonas hacían el primer turno antes, entonces muchas veces íbamos temprano para ver los entrenamientos. Un día el Chapa Retegui nos agarró para ayudar en la práctica y de golpe estábamos entrenando con Lucha Aymar, algo que parecía que estaba muy lejos”.

Molina confiesa que “antes de los partidos me pongo bastante nerviosa aunque no es por que sienta mayor responsabilidad que las demás. Se lo que puedo aportarle al equipo pero considero que soy una jugadora más y trato de jugar lo más tranquila posible”.

A la hora de la autocrítica, la revelación del año 2015 para los periodistas de Diario UNO expresa: “Creo que me falta soltarme más, tomar más protagonismo en el juego. En el sistema táctico de Las Leonas no juego tan libre como acá sino más de delantera, pero no es una excusa. Yo en las Leonas juego de lo que me pongan”.

Hay una frase hecha en el mundo del deporte que en este caso solo sirve para describir una realidad. “Juega como en el patio de su casa” dicen cuando se trata de esos deportistas talentosos que se desempeñan con total naturalidad dentro de la cancha. Lo cierto es que para Luciana Molina la cancha de Marista y el patio de su casa son una misma cosa.

Desde hace 29 años, poco después de que el club tricolor se instalara en la Carrodilla (antes era en la Villa Marista de El Challao) los Molina viven allí, sobre calle Terrada, y hace 21 años que Luciana, la más chica de 4 hermanos, tiene la cancha a unos pocos pasos de su hogar. La ganadora del Ovación de Oro 2015 toma el hecho de haber crecido en el club como una ventaja: “Cuando estaba aburrida en casa agarraba el palo y la bocha”, cuenta quien desde muy chiquita se puso la camiseta blanca, roja y azul: “Empecé a jugar a los 4 años pero mi mamá (Silvia) me dice que desde que nací andaba detrás de mis hermanas (Valeria y Lourdes) para intentar hacer todos lo que ellas hacían”.

Valeria, diez años mayor, fue capitana de la primera de las Curitas y jugó hasta el año pasado; Lourdes también jugó al hockey en Marista y su hermano Lucas fue futbolista, como papá Rodolfo, quien actuó en Independiente Rivadavia y es sobrino del Puma Molina. De ellos y con el apoyo permanente de mamá Silvia, Luciana heredó la pasión por los deportes: “Veo mucho hockey por supuesto y aunque nunca pensé en jugar a otra cosa también me gusta mucho el handball. Por supuesto también me encanta el fútbol, aunque en casa mi papá y yo somos de Boca y los demás son todos de River”.

Como la entrevista es en Marista, su casa, cada persona que pasa tiene un saludo afectuoso o de admiración para darle. “Es muy lindo. Las más chiquitas siempre se acercan a saludarme” cuenta quien se reconoce como una futura entrenadora: “Entrené a las más chicas durante 5 años y me encanta pero ahora con los viajes no puedo. Igual cuando estoy acá siempre ayudo en alguna división”.

La ganadora de la medalla de plata en los últimos Juegos Panamericanos de Toronto se identifica con esas niñas que hoy la tienen como ídola: “Yo era igual. Siempre iba a ver a la primera por que jugaba mi hermana y muchas jugadoras que fueron referentes para nosotras como Mariu Losada, María Navesi y Flor Zardain, con quien después tuve la oportunidad de jugar. En el club nos inculcan desde chicas un gran sentido de pertenencia y eso se va transmitiendo”.

Aquella niña que tuvo formadores como “Alicia Zavala y Carolina Setién, que me enseñaron desde como agarrar el palo, y todos mis entrenadores en inferiores. En realidad siempre aprendo algo de cada entrenador” debutó en primera a los 16 años: “Fue contra Andino, en el estadio de Godoy Cruz. Había jugado en mi división y me hicieron quedar en el banco. Para mi llegar a jugar en la primera era lo máximo”.

Jugar en el equipo superior del club para Luciana significó además compartir la cancha con su hermana mayor, Valeria: “Siempre nos llevamos muy bien. A veces, muy pocas, me retaba pero como ella es defensora la tenía lejos. Ella sigue siendo una de las personas que siempre me bancan y que también me critican después de los partidos. Mi hermano también, va siempre y después comentamos lo que el ve”.

Marista es uno de los equipos más importantes de la provincia y el país, aunque en este 2015 le tocó perder las tres finales de los tres torneos que disputó: Apertura, Clausura y Liga Nacional A.“No sé si hay un motivo por el cual nos tocó perder varias finales. Este año hemos jugado partidos muy buenos y el grupo humano que tenemos es espectacular. Quizás nos faltó un poquito de suerte y también hay que reconocer que los rivales juegan bien. Lo positivo es que siempre hemos sabido levantarnos de cada derrota para ir por más”.

La mayor parte del año Luciana pasa de lunes a viernes en Buenos Aires, entrenando con Las Leonas, y cuando no tiene que hacerlo disfruta de “estar en mi casa, dormir un poco más, estar con mi familia, con mi perra (Lola) y acá en el club. Lo más duro de todo esto es armar el bolso los domingos”. En Buenos Aires, la vida es bastante rutinaria: “Entrenamos mucho y además no siempre tenemos los mismos horarios. Con las chicas del interior, que no somos muchas, vivimos en un hotel y este año traté de hacer un curso de inglés en los momentos libres como para despejarme un poco, por que estando de lunes a viernes allá ir a la facultad se hace imposible. En ese sentido las chicas de Buenos Aires tienen una ventaja por que ellas después de entrenar se van a su casa o a la facultad. Es como que no estamos en las mismas condiciones que las chicas de allá pero bueno, hay que bancarselá”.

De todos modos, destacó el buen nivel de hockey que existe en nuestra provincia: “Acá el nivel de juego es muy bueno, cada vez hay más cantidad de chicas que juegan y muchas de ellas tienen nivel para estar en seleccionados nacionales. Ahora en el junior están Delfina Thomé y Priscila Jardel, que tienen un futuro impresionante”.

Justo esta semana es de las pocas en las que la talentosa jugadora de Marista se pudo tomar un descanso: “El sábado pasado terminamos el torneo y esta semana me la tomé de vacaciones, pero ya el lunes (por mañana) arranco a entrenarme de nuevo por mi cuenta. No me gusta parar muchos días por que después arrancar de nuevo con los entrenamientos me cuesta mucho. Por otro lado me gusta entrenarme”.

Jugar en Buenos Aires es una posibilidad que Molina analiza respecto a su futuro cercano, como también hacer una experiencia en el exterior: “Allá la competencia es mucho mayor y además podés tener una vida más organizada, sino con los viajes se hace muy difícil”. Respecto de ir a jugar a otro país, Luciana destacó: “Tuve propuestas pero hoy si me fuera perdería chances de estar en Las Leonas. Es algo que me gustaría hacer en algún momento, por la experiencia”. En cuanto a los países que pudo conocer con el hockey comentó: “Hice varios viajes, me gustó mucho Canadá, que fui dos veces, y también me encantó Nueva Zelanda”.

Como deportista de elite, Lu (así la llaman sus amigas) tiene una ayuda económica: “Cobro mensualmente una beca del Enard y de la Secretaría de Deportes. También hay una marca de palos (Malik) y otra de ropa (Pitu) que me ayudan con todo lo que es indumentaria. También la Confederación nos paga todos los viajes y el hotel. Cuando estamos en Buenos Aires solo tenemos que pagarnos el transporte y algunas comidas”.

Una de las personas que se acercó a saludarla durante la charla es nada menos que Silvina D’Elía, otra Leona formada en Marista que sirvió de apoyo para que Luciana haga sus primeros pasos en el seleccionado nacional: “El apoyo de Piti y Maca Rodríguez fue importantísimo. Me ayudaron mucho, me aconsejaron y me abrieron las puertas de sus casas en Buenos Aires. No es fácil meterse en un grupo que ya estaba armado y me sirvió mucho tener al lado alguien que me conocía. Ahora hay más chicas con las que nos conocemos desde la época del junior y hasta algunas más chicas”.

Llegar a Las Leonas o Las Leoncitas no es nada fácil: “Mi primer convocatoria fue a los 14 años. No entendía nada. Fuimos a Salta y después a Buenos Aires con varias chicas de acá que eran uno o dos años más grandes y la verdad es que lo sufrí bastante hasta que me fui acostumbrando”. Su primer contacto con el seleccionado mayor fue aún siendo parte del junior: “Nosotras entrenábamos con las Leoncitas a las 10 y Las Leonas hacían el primer turno antes, entonces muchas veces íbamos temprano para ver los entrenamientos. Un día el Chapa Retegui nos agarró para ayudar en la práctica y de golpe estábamos entrenando con Lucha Aymar, algo que parecía que estaba muy lejos”.

Molina confiesa que “antes de los partidos me pongo bastante nerviosa aunque no es por que sienta mayor responsabilidad que las demás. Se lo que puedo aportarle al equipo pero considero que soy una jugadora más y trato de jugar lo más tranquila posible”.

A la hora de la autocrítica, la revelación del año 2015 para los periodistas de Diario UNO expresa: “Creo que me falta soltarme más, tomar más protagonismo en el juego. En el sistema táctico de Las Leonas no juego tan libre como acá sino más de delantera, pero no es una excusa. Yo en las Leonas juego de lo que me pongan”.

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