Personajes Domingo, 27 de mayo de 2018

"El fútbol fue generoso conmigo"

Víctor Marchesini, de visita con las juveniles de Boca, habló sobre la actualidad en las formativas y su etapa como defensor en el Xeneize y Ferro.

Diego A. Astorga

astorga.diego@diariouno.net.ar

Víctor Hugo Marchesini está a cargo de la cuarta división de Boca. Un peldaño más abajo para llegar a la Primera. El oriundo de Gualeguaychú desde hace años dirige esa división. Un defensor aguerrido que jugó en Ferro y Boca en los '80 y '90, se dio el lujo de jugar en la Selección argentina y hasta fue capitán. Obtuvo 6 títulos (1 con Ferro y 5 con Boca). Con el Xeneize visitó Mendoza para jugar con Godoy Cruz.

-¿Qué privilegian primero, los resultados o la llegada de jugadores a primera?

-No es que no veamos los resultados, pero siempre es bueno que los chicos crezcan con el triunfo o resultado de un esfuerzo que sea positivo. No solo futbolística sino también en la parte humana. Nos fijamos muchísimo en el desarrollo del ser humano y la persona. En su educación, comportamiento en los viajes, en el honor que es vestir la camiseta de Boca. Los resultados se dan en consecuencia de un buen juego. Fundamentalmente en lo genérico buscamos más en la formación del jugador que el resultado.

-¿Qué diferencias hay con relación a tu época de inferiores?

-La maduración que tienen los jugadores ahora no es la misma que antes. Desde las 7 de la mañana hasta las 11 de la noche estábamos jugando a la pelota. Ahora no es nada que ver eso. En la primera se fijan si estás para jugar o te falta para darte a préstamo. Eso lo evalúa la comisión directiva con el técnico de primera. Nos encargamos de formar un jugador en lo más amplio que se pueda.

-Uno de esos ejemplos es Pol Fernández, que salió de las inferiores de Boca y fue una de las figuras de Godoy Cruz en el último torneo. ¿Por qué creés que se dan esos casos?

-En Boca no te pueden esperar hasta los 26 años. No solo es el caso de Pol. También está Pratto y mil casos más. En todos los clubes hay jugadores de las inferiores de Boca. Para mí Pol es el mejor volante del fútbol argentino en la actualidad. Verlo jugar es un placer. Tiene una pegada como pocos.

-¿Qué notás de diferente en la formación como jugador?

-Todo arranca de la casa. Hace 20 años era difícil que una mamá trabajara y ahora es difícil que no lo haga. En el colegio hacen doble turno y está en una academia de computación, inglés o danza. Algo tienen que hacer para no estar en la casa. Aquel que no hace este tipo de actividades está en la esquina tomando una cerveza o fumando un faso. En nuestra época eso no estaba. Los técnicos de inferiores tenemos que estar muy atentos a la parte social de los chicos. Acompañarlos y aconsejarlos. No siempre logramos el objetivo porque hay un montón de chicos que se frustran por la mala vida o seguir con una vida normal a la de los compañeros.

-¿Qué opinás del crecimiento de Godoy Cruz en los últimos años?

-Crece en base a algo. Cada vez que vengo al interior, me pasó en Tucumán y Córdoba, veo eso. Por nada juegan las Libertadores, Sudamericana. Eso se da automáticamente porque los técnicos que vienen se adaptan rápidamente al medio. Encuentran una base de jugadores que después tienen que acertar en cuatro o cinco refuerzos, nada más. No siempre los clubes de Buenos Aires o el conurbano pasa eso.

-¿Extrañás algo de tu faceta como jugador?

-Nada. El fútbol fue muy generoso conmigo. Creo que mi carrera fue muy superior a las condiciones técnicas que tenía. Tuve la suerte de jugar mucho tiempo. Jugar quince años, estar en la Selección, Boca, Ferro. Salir campeón en los tres lugares. Fui técnico y ahora estoy disfrutando muchísimo la docencia. Me encanta y me apasiona levantarme todos los días a las 6 de la mañana por las inferiores. Disfruto mucho. No me reprocho nada. Al contrario, agradezco.

-¿Qué rescatás de los entrenadores que tuviste?

-En la época que jugué no había tanto cambios de técnicos como es ahora y tampoco en los planteles. Teníamos un equipo en Ferro que tuve al número uno que es Carlos Griguol con el Cai Aimar que hicieron una dupla extraordinaria y nos enseñaron valores de la vida. El mismo plantel lo tuvimos ocho o diez años. El mismo técnico. Lo mismo con el Maestro Tabárez, que fue un maestro de la vida para conmigo.

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