El universo del fútbol se quedó con las ganas de presenciar uno de los espectáculos más codiciados a nivel de selecciones antes del Mundial. El enfrentamiento entre la Selección argentina y España, los campeones vigentes de la Copa América y la Eurocopa respectivamente, debió haber reeditado el prestigioso trofeo intercontinental, pero las circunstancias torcieron de manera definitiva los planes iniciales.
La imposibilidad de concretar el evento dejó un vacío importante en la agenda internacional, obligando a los fanáticos a a vivir la final de la Copa del Mundo.
Vamos por la Copa del Mundo, ¿y la Finalissima?
La principal barrera que impidió la realización de este esperado cruce estuvo ligada directamente a la saturación del cronograma de competencias de la FIFA.
Con las eliminatorias de cada confederación marchando a paso firme y las modificaciones estructurales en los torneos de clubes de élite, los espacios en la agenda de los futbolistas se redujeron a niveles alarmantes, volviendo inviable la logística del compromiso.
Los organismos rectores del fútbol, tanto la UEFA como la CONMEBOL, intentaron barajar diversas alternativas geográficas y temporales para albergar el encuentro, evaluando sedes tanto en territorio europeo como en los Estados Unidos.
Sin embargo, las fechas propuestas coincidían de manera sistemática con los períodos críticos de definición de las ligas domésticas, lo que generó una fuerte resistencia por parte de las instituciones europeas.
La Finalissima espera a su campeón
De este modo, la corona que enfrenta a los dos hemisferios del fútbol de élite quedó catalogada temporalmente como "el título pendiente" del ciclo.
Con los ojos puestos en la Copa del Mundo la resolución de esta final intercontinental quedará postergada para el próximo período de reestructuración de la agenda de la FIFA.
Argentina y España deberán seguir esperando el momento idóneo para dirimir sobre el terreno de juego quién se queda con el cetro absoluto.
