Futbol Martes, 22 de mayo de 2018

"La ovación que me dedicaron los hinchas fue un regalo de Dios"

Un momento emotivo. El Indio Ortiz relató, desde La Plata, lo que sintió cuando se produjo un llamativo hecho: dirigió interinamente a Gimnasia La Plata e hizo debutar a su hijo, Nicolás

Gustavo Priviteraprivitera.gustavo@diariouno.net.ar

"Seré una especie de secretario técnico, sin tener injerencia en la primera, porque hay un hombre que sabe mucho como Pedro Troglio". Hernán Darío Ortiz (50) cumplió con creces el objetivo. El entrenador mendocino dirigió interinamente a Gimnasia La Plata durante tres partidos y fue protagonista de un hecho poco común: hizo debutar a su hijo, Nicolás, quien hizo un gol en el triunfo 2 a 0 sobre Newell's, por la 27ª fecha de la Superliga.

Con respecto al inicio prometedor de Nicolás, señaló: "Sí, no pasa muchas veces que debute tu hijo, en realidad la presión era más para él, porque yo tengo muchos años en esto. Se ganó la oportunidad. Yo sé separar las cosas. Me dijeron: 'Es momento de que lo pongás porque está muy bien'. Él ya había jugado en el Nacional B, pero debía debutar en Primera, en su cancha, con su gente y siendo su papá el entrenador. Lo supo llevar muy bien".

Sobre su relación con la hinchada del Lobo platense, señaló: "Soy una persona muy respetada acá. La ovación que me dedicaron los hinchas al final del partido fue un regalo de Dios".

Contó el momento que vivió antes de que jugara su hijo en el conjunto de La Plata. "Hablaron con él más los ayudantes que yo. Le dije que se lo había ganado, que jugara tranquilo y concentrado. Es un puesto, como el del arquero, donde la concentración es muy importante y cada error se paga muy caro. Una de las características mías era que sabía leer el juego, sabía qué podía hacer. Le dije que la primera pelota la jugara muy segura y después se iba a ir soltando solo. Jugó un partido muy aceptable".

Siguió hablando de Nico: "Mide 1,87 metros, tiene más técnica que yo; yo era un tipo de mucha personalidad y lo sigo siendo. El carácter en el fútbol es muy importante. Cuando llegás a Primera podés tener todas las condiciones del mundo pero cuando están la gente y los gritos, el carácter es fundamental".

El actual defensor del Lobo jugó en Talleres al igual que el Indio. "Estuvo en Andes Talleres, el club de donde yo salí y jugó al fútbol sala en Alianza Guaymallén, hasta que me dijeron los profes que no lo llevara más porque se chocaba a los que tenía enfrente, pero eso le hizo muy bien. Llegó en prenovena a Gimnasia La Plata e hizo todas las categorías acá", contó.

"Talleres me vendió a los 18 años. Llegué un día al club y me dijeron: 'Mirá, te vendimos a Luján'. Con la plata de mi pase sortearon un auto, recaudaron mucho e hicieron una obra en el club. Debuté muy jovencito ahí", rememoró.

"Yo empecé a jugar y los centrales eran Pasqualetto y Mulet. Jugaban Giusfredi, Brandán, ¡era un equipazo! Me vendieron tres años seguidos, Talleres me vendió a Luján, Grispo me llevó a Independiente, allí salí campeón y me vine a Gimnasia La Plata. No recibí un peso, yo quería jugar a la pelota", señaló.

"La gente de Independiente Rivadavia me demuestra siempre su cariño cada vez que voy. Es un club que debe consolidarse en la B Nacional y después en Primera. Es una institución muy grande", afirmó.Manifestó sus ganas, una vez más, de dirigir el elenco del Parque.

"Alguien no me quiere, es algo lógico, nadie es profeta en su tierra. Han dirigido entrenadores que no han tenido la mitad de mi experiencia, pero lo respeto. Cuando te quieren, te van a buscar. Cuando me fui del club me debían 7 meses, cobré por Agremiados y nunca le hice juicio", finalizó Darío.

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