Por Omar Alberto Romeroromero.omar@diariouno.net.ar
El entrenador de Godoy Cruz cuenta todo de su vida. Como DT y jugador se formó en la escuela de Argentinos Juniors. Uno de los hitos de su carrera: estuvo en la final frente a la Juventus en 1985.
La otra cara de Carlos Mayor

Carlos Alberto Mayor se lo ve un tipo sencillo, humilde y con mucha personalidad. El ex defensor que se consagró campeón con Argentinos Juniors en 1985 tiene una historia interesante atrás. Militó en diversos clubes de Argentina y Chile, jugó tres años en Japón y estuvo en los Juegos Olímpicos en Seúl de 1988 con la selección juvenil.
Como entrenador se inició en las divisiones inferiores de Argentinos Juniors, Almagro, Atlanta y actualmente está en Godoy Cruz, donde el equipo no está pasando por su mejor momento.
Con el entrenador tuvimos un mano a mano , donde habló todo y no se guardó nada.
–¿Cómo definís a Carlos Mayor?–Una persona que se considera humilde, trabajador, práctico y trato de analizar cada cosa que hablo. Soy un entrenador que no tengo rebusques y tampoco vueltas. En las buenas y en las malas doy la cara.
–¿Se acuerda cómo empezó esa carrera como jugador?–Fue hace varios años, empecé a los once años, hice todas las inferiores hasta que jugué en la primera de Argentinos Juniors.
–¿Y cuántos años tenía cuando debutó en primera?–Tenía 18 años y me tocó estar en ese plantel que ganó todo, Libertadores; participé del Metro 1984, estuve en el banco, pero no me tocó debutar. Tuve la suerte de ganar la Copa, de poder jugar la final de la Intercontinental con la Juventus en Japón y estoy orgulloso de haber integrado ese equipazo.
–Había cada jugador ahí...–Era un equipazo con Carlos Ereros, el mendocino Panza Videla, el Checho Batista. Ese equipo lo empieza a conformar Ángel Labruna en el ’83, después fallece y en el ’84 llega Roberto Saporiti y empieza a moldear ese equipo. Sale campeón del Metro ’84, se va Saporiti, viene el Piojo Yúdica. Era un equipazo que ganó todo y se perdió con la Juventud en un partido histórico por penales.
–¿Qué sintieron jugar con la poderosa Juventus?–Era un abismo, ellos se manejaban de otra forma, si bien nosotros creíamos mucho en el juego, el entorno era totalmente distinto. Ellos andaban cambiados, distintos. No teníamos ropa ni para estar en el hotel y eso que teníamos jugadores de peso como Olguín, el Checho Batista, el Bichi Borghi que después fueron a la Selección. Era un grupo bárbaro que se comía la cancha.
–Como jugador tuvo un recorrido importante en varios clubes...–Sí, tuve la suerte de jugar en varios clubes, en el ’90 dejé Argentinos Juniors y me fui a Gimnasia La Plata, después me contrató Unión de Santa Fe, y empezó el recorrido en el exterior. Me fui a Chile en el ’93 a Iquique, donde realmente le pasé muy bien. Estuve 15 años en Argentinos Juniors, era mi casa y era difícil irme. En Japón estuve tres años (94- 95-96), lo tenía a Jorge Olguín como entrenador, estuve con Pedro Troglio y el Turco Maradona. Nos tocó salir campeones en el 1995.
–¿Dónde cerró su carrera?–Cuando volví de Japón fui a All Boys, y en el Deportivo Español estaba Olguín y me llamó, estuve poco. Tenía un problema en la rodilla y no quería seguir jugando. Jugué dos partidos y decidí abandonar el fútbol.
–¿Cómo empezó su carrera de entrenador?–En 2003 me recibí como entrenador y en el 2005 empiezo con las divisiones inferiores de Argentinos Juniors donde estuve siete años.
–Le dolió irse de Argentinos?–En el 2007 me fui, consideré que era un ciclo que ya estaba cumplido y comencé en el ascenso. Me fui a Almagro, donde estuve un año y medio y llegamos a la final para jugar el Reducido. Tuve un paso por Atlanta y ahora el presente me encuentra acá dirigiendo a la primera de Godoy Cruz.
–¿Es distinto dirigir en el ascenso a primera?–El profesionalismo es el mismo que en primera división, cambian los escenarios y la calidad de jugadores. Quería empezar de abajo por eso cuando se me dio la posibilidad de dirigir a Almagro no dudé en aceptarlo. Fue una experiencia linda en el ascenso.
–¿Es difícil tomar decisiones como entrenador?–Es difícil, fui jugador y el futbolista piensa en él y pienso en el grupo, es algo que tengo asumido y tiene que conformar a los 30 jugadores. Cuando tomo una decisión, lo hacemos para que el jugador recapacite y pueda mejorar.
–¿Es un entrenador de los catalogados estudiosos?–Como entrenador investigo mucho, robo ideas, ser técnico es como ser jugador, deja de aprender el día que se retira.
–¿Qué hace un técnico cuando no tiene trabajo?–Los entrenadores cuando se quedan sin trabajo viajan a Europa, a ver entrenamientos. Esto es un trabajo que hay que ir creciendo y progresando día a día. Como entrenador sé que tengo virtudes y errores y trato de aprender de lo que hago mal.
–¿Se considera un entrenador ofensivo?–Me gusta ir al frente, jugar al fútbol, que mis equipos sean protagonistas, eso hemos intentado en Godoy Cruz.
–¿Notó algún cambio al dirigir Primera con respecto al ascenso?–Los escenarios son otros, diferentes jugadores pero el profesionalismo es el mismo. Desde que dirijo intento darle mi propio estilo.
“En Japón, cualquier argentino se adapta”
Mayor se siente muy identificado con Japón, donde estuvo en 1994 en el Fujieda Blux y Avispa Fukuok. Allí vivió varias experiencias y le tiene un gran afecto a ese país. Tenía 27 años cuando llegó a ese país. “Me siento un japonés más”, reconoció.
“Me acuerdo que cuando fui a Japón a jugar con Argentinos Juniors en el 1985 dije ‘acá no vuelvo nunca más’, después me tocó volver en el ’88 con la Selección y dije lo mismo. Después terminé siendo un japonés más, porque estuve varios años, entre el 94 y 96”, confesó.
–¿Cómo surgió la posibilidad de ir a jugar a Japón?–Nosotros fuimos bien organizados, allá estaba Jorge Arbelo, que jugaba en la Argentina en Defensores de Belgrano. Estaba casado con una chica japonesa y se dio la chance porque Jorge Olguín era el entrenador y habíamos sido compañeros en Argentinos Juniors.
–¿Y cómo fue esa experiencia de vivir allí?–Fue algo inolvidable los años que viví en Japón. Es un país totalmente distinto a la cultura que pensamos nosotros, cualquier argentino se adapta. Es una vida muy fácil, sencilla, donde la cultura y los modos de uno se pueden adaptar rápidamente. A veces se hace difícil, pero tratábamos de ayudarnos entre nosotros, los argentinos que estábamos ahí. La clave es la cultura que tienen ellos y la personalidad. Si bien son un poco sumisos, van siempre para adelante, quieren progresar y son un ejemplo.
–¿Se adaptó rápido?–Me fui adaptando rápido, iba al supermercado y el argentino para adaptarse a otra cultura está mandado a hacer.
–¿Hablaba bien el idioma?–Teníamos un traductor que estaba permanentemente con nosotros, aprendí rápido y me hacía entender. Estuve 3 años y había un equipo que quería que me quedara y tuve la posibilidad de estar otros 3 años más, pero decidí volverme por la familia.
–¿Y eran competitivos los equipos?–Estaba en el Avispa Fukuoka, un equipo que está en el Sur y es de la segunda división. Nos tocó ascender y nosotros peleábamos con el Yokohama Marinos y Vissel Kobe. En Japón se conforma un equipo en cada ciudad y se hacen fuertes porque apoya toda la ciudad y los espónsores. Nosotros estábamos en una ciudad hermosa en el sur y el equipo era fuerte. Teníamos nuestro propio estadio, que lo hicieron en seis meses.
–¿Qué argentinos estaban en esa época?–Cuando llegué en el 1993, Ramón Díaz había salido goleador y después volvió a River Plate. Estaba Bisconti, Medina Bello, Zapata que estaban en el Yokohama Marinos. Con Troglio y Piccolí estábamos en Avispa Fukuoka y cuando podíamos nos juntábamos. También estaban Gorosito y Acosta.
Lo dirigió Bilardo y fue compañero de Martino
Carlos Mayor tiene experiencia jugando en la selección juvenil y fue una etapa importante en su vida. En la entrevista habló de la Selección y de lo que aprendió al tener a Carlos Salvador Bilardo. También habló de la importancia de su familia, que siempre lo apoya.
“A mí me tocó estar en la Selección en 1984 con la sub 20, fui a Asunción en el ’85, después me tocó estar en las giras en el ’87 y tuve la suerte de ir a los Juegos de Seúl ’88, que para mí fue una experiencia inolvidable”, confesó el DT.
–¿Se acuerda de los jugadores que había?–Había un buen plantel donde estaban Luis Islas, Hernán Díaz, Alfaro Moreno, el Ruso Siviski, Comas, Néstor Lorenzo. Fue una lástima perder con Brasil 1 a 0 en los cuartos.
–¿Bilardo fue un entrenador importante en su etapa como jugador?–Me marcó, me enseñó mucho en mi carrera como jugador. La experiencia con Bilardo fue muy importante, nos daba consejos de jugar con línea de tres, nos explicaba mucho la función del líbero. Me quedó mucho aprendizaje de él y fue uno de los mejores entrenadores que tuve.
–¿Estuvo con el Tata Martino?–Con Martino y Jorge Theiler fuimos a una gira en el 1984 a Singapur. La verdad es que era un gran jugador, tenía mucha personalidad como futbolista, me da mucha alegría verlo como entrenador de la Selección argentina. Es un gran persona y un
gran entrenador. Hace un montón que no lo veo al Tata, ya tendré posibilidad de juntarme con él.–¿La familia qué rol tiene en su vida?–Muy importante, estoy casado con Ana y tenemos cinco hijos; Juana, Camila, Paloma, Mateo y Mora.
–¿Y entienden su profesión?–Me contienen mucho. Con Ana hace 25 años que estamos juntos, me bancan a muerte, siempre estuvieron al lado mío. La conocí de mi época de jugador y hasta el día de hoy estamos juntos.
–¿Qué dicen cuando lo critican?–Les digo que no lean y no escuchen nada, porque sufren y lloran por el padre. Disfruto estar en Godoy Cruz.