La violencia volvió a ser la principal protagonista en un partido del fútbol argentino. Fue en cancha de Nueva Chicago, donde dos facciones de la hinchada local se enfrentaron mientras su equipo jugaba con Temperley por la Primera Nacional.
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Corridas, peleas, golpes y armas blancas fueron moneda corriente en Mataderos donde otra vez falló el operativo policial para prevenir o evitar los incidentes.
Aunque el partido se jugó y el Torito se fue al descanso en desventaja, la violencia no tuvo nada que ver con el resultado ya que comenzó cuando el árbitro Mario Ejarque dio el pitazo inicial y solo forzaron a frenar momentáneamente el juego a los dos minutos de la primera parte.


